Sé franciscano!

“La vida no es una elección… es una respuesta”
1.- La Llamada:

Cada vocación nace de la voluntad de Cristo, el Señor. El te invita a seguirle personalmente. Aunque lo hace de modos muy diversos, quien llama es Él. En el Evangelio vemos cómo Cristo pasa junto a personas normales y les llama: “Ven, sígueme”.

Invita a seguirle a quienes luego serán discípulos suyos.

La “llamada” o “vocación” no es una predisposición natural, no depende de tus capacidades o limitaciones, no es una mera intención de la persona solamente, …

es una llamada de Dios desde su amor por tí.

Por ello este don de Dios para quienes lo recibimos no responde a méritos especiales, sino que responde a una providencia, a un plan, que siempre ha estado presente en la mente y en el corazón de Dios.

La llamada es para algo, por ti y por la Comunidad; para hacer algo específico por Él y su Reino. Eres llamado para vivir feliz en el nombre de Cristo, realizando una misión. Dios quiere nuestra colaboración para construir su proyecto de salvación. Por lo tanto, la llamada es a cooperar con Cristo en este mundo para, de esta forma, realizar su redención.

Cada llamada tiene una clave única;  trazando así una historia personal constituida por experiencias personales en el seno de su Iglesia.

Aquel hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue. (Mt 25, 14-30)

No debemos preocuparnos si no tenemos más cualidades que las que Dios haya querido darnos.

Dios no llama a una persona sin dotarle de los talentos que le hacen apto para seguir su camino. Dones, habilidades, capacidades personales… son un regalo que Dios te da por amor, haciéndote capaz de amar de una manera particular, y dándote así la capacidad de responder con la confianza necesaria para hacerlo plenamente.

Necesitarás una resistencia física, un carácter que te capacite para la comunidad, y un criterio moral y una relación personal con Dios. Los dones de Dios se encuentran en todos los ámbitos de la persona y, con el tiempo, están destinados a crecer y madurar.

En el tiempo de iniciación iremos descubriendo tus cualidades y tus inquietudes para ayudarte a vivir y descubrir tu vocación. Aunque estaremos toda la vida preguntándole a Dios: “¿Qué quieres hoy de mí?”

Durante toda nuestra vida deberemos cultivar estas inquietudes y talentos, para que el egoísmo y la pereza no las abrasen. Hay que tener en cuenta que la formación puede, con un buen método y con el tiempo, hacer madurar mucho unas cualidades que a primera vista parecían tener poca fuerza. Nadie nace “hecho” del todo, pero todos tenemos que dedicarnos con alegría y una buena dosis de madurez al trabajo de nuestra mejoría y transformación.

La respuesta nace de la escucha de Dios y de tu entrega y amor maduro hacia el Señor en medio de tu libertad interior. El encuentro con “el joven rico” en Mc 10,17 así nos lo confirma.

A veces algunas circunstancias pueden influenciar o incluso ser determinantes para tu respuesta, pero todos queremos realizarnos viviendo aquello que nuestra inquietud y vocación pide de nosotros.

Dios promete estar siempre con nosotros, hablar por nosotros, darnos el poder y la fuerza necesaria para la vida y para la misión.

Puedes estar seguro de que te dará todas las gracias que necesitas para responderle con un decidido y alegre “sí”.

A tu disposición en: fraydino@gmail.com