Indulgencia de la Porciúncula

Cada 2 de agosto los franciscanos celebramos a nuestra señora la Reina de los Ángeles, que San Francisco veneraba en la pequeña ermita de la Porciúncula. Y con ella celebramos también el perdón de Asís, una indulgencia q San Francisco pidió al Papa para q toda persona tuviera la oportunidad de empezar de cero como un niño recién bautizado. Todos los papás han confirmado esta indulgencia con las condiciones habituales : confesión, eucaristía y oración por el Santo Padre.

Entró Francisco a la presencia de Honorio III, y le dijo:

— Poco ha que reparé para Vuestra Santidad una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. Ahora vengo a solicitar en beneficio de quienes la visitaren en el aniversario de su dedicación, una indulgencia que puedan ganar sin necesidad de abonar ofrenda alguna.

— Quien pide una indulgencia -observó el Papa-, conviene que algo ofrezca para merecerla… ¿Y de cuántos años ha de ser esa que pides? ¿De un año?… ¿De tres?…

— ¿Qué son tres años, santísimo Padre?

— ¿Quieres seis años?… ¿Hasta siete?

— No quiero años, sino almas.

— ¿Almas?… ¿Qué quieres decir con eso?

— Quiero decir que cuantos visitaren aquella iglesia, confesados y absueltos, queden libres de toda culpa y pena incurridas por sus pecados.

— Es excesivo lo que pides, y muy contrario a las usanzas de la Curia romana.

— Por eso, santísimo Padre, no lo pido por impulso propio, sino de parte de nuestro Señor Jesucristo.

— En el nombre del Señor, hágase conforme a tu deseo.


S. S. Benedicto XVI
Ángelus del domingo 2 de agosto de 2009
EL «PERDÓN DE ASÍS»

Hoy contemplamos en san Francisco de Asís el ardiente amor por la salvación de las almas, que todo sacerdote debe alimentar constantemente: en efecto, hoy se celebra el llamado “Perdón de Asís”, que obtuvo del Papa Honorio III en el año 1216, después de haber tenido una visión mientras se hallaba en oración en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Apareciéndosele Jesús en su gloria, con la Virgen María a su derecha y muchos ángeles a su alrededor, le dijo que expresara un deseo, y Francisco imploró un “perdón amplio y generoso” para todos aquellos que, “arrepentidos y confesados”, visitaran aquella iglesia. Recibida la aprobación pontificia, el santo no esperó ningún documento escrito, sino que corrió a Asís y, al llegar a la Porciúncula, anunció la gran noticia: “Hermanos míos, ¡quiero enviaros a todos al paraíso!”. A partir de entonces, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2, se puede lucrar, con las condiciones habituales, la indulgencia plenaria también por los difuntos, visitando una iglesia parroquial o franciscana.