14 mártires concepcionistas de la guerra civil son beatificadas

14 mártires de «un sistema de odio organizado» que «pretendía eliminar a la Iglesia en España»

La Iglesia cuenta desde el pasado 22 de junio, con 14 nuevas beatas: las mártires concepcionistas que, tal y como ha recordado el cardenal Becciu, «permanecieron fuertes en la fe: no se asustaron ante los ultrajes, las dificultades ni las persecuciones», sino que, por el contrario, estuvieron preparadas y dispuestas «a sellar con su vida la verdad que profesaban con sus labios, asociando el martirio de Jesús a su martirio de fe, de esperanza y de caridad».

En presencia del cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, y del cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, proclamó beatas este sábado en la catedral de La Almudena a catorce monjas concepcionistas franciscanas martirizadas en 1936, al inicio de la Guerra Civil española. Las religiosas fueron asesinadas por milicianos del Frente Popular, una coalición de los partidos de la izquierda y los separatistas que se había hecho con el poder en febrero de ese año.

 

Tras la lectura del decreto, se descubrió el cuadro del pintor granadino Luis Ruiz que representa a las 14 mártires junto a la Virgen María, el Niño Jesús y la fundadora de la orden, Santa Beatriz de Silva (1437-1492).

En una abarrotada catedral de Santa María la Real de la Almudena, ha subrayado que «todas, perseverando en su consagración a Dios, dieron sus vidas por la fe y como prueba suprema de amor». «Sufrieron la persecución y la muerte por su estado de vida religiosa y su total adhesión a Cristo y a la Iglesia», ha aseverado, poniendo el foco en que «sus verdugos eran milicianos que, guiados por el odio contra la Iglesia católica, fueron los protagonistas de una persecución religiosa general y sistemática contra las personas más representativas de la comunidad católica».

Mirando especialmente a las más de 200 monjas franciscanas concepcionistas presentes, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos ha incidido en que son «un ejemplo y un aliciente para todos, pero sobre todo para las monjas concepcionistas, y también para todas las consagradas que dedican totalmente su vida a la oración y a la contemplación». «En esta preciosa misión orante, las religiosas de clausura están llamadas a gustar y ver cuán bueno es el Señor, para testimoniar a todos cuán envolvente es el Amor de Dios», ha añadido.

beatificaciones concepcionistas tapiz

En el momento de proclamación de la beatificación se ha desplegado un tapiz con la imagen de las 14 concepcionistas franciscanas ya beatas, reproducción de un cuadro pintado para la ocasión por el granadino Luis Ruiz, y que embellecerá la capilla dedicada a las beatas en el protomonasterio de las concepcionistas franciscanas de Toledo, casa madre donde se veneran los cuerpos de las dos monjas del monasterio de El Pardo, únicos que se conservan.

Última misa de Fratini

Con el cardenal Becciu han concelebrado el Nuncio Renzo Fratini, en el que -tal y como anunció el propio Becciu- es su último acto como representante del Papa en España. También, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid; monseñor José Carballo, OFM, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE; cardenal Carlos Amigo, OFM, arzobispo emérito de Sevilla; monseñor Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo; monseñor Juan del Río, arzobispo castrense; monseñor Eusebio Hernández, obispo de Tarazona; monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, obispo auxiliar de Madrid; el superior provincial de la Provincia de los Capuchinos de España, Benjamín Echeverría; y el vicario provincial y el provincial de la Provincia de los Menores, de España, Carlos Coca y Juan Carlos Moya, respectivamente, entre otros presbíteros.

beatificaciones concepcionistas nave central

concluyó lanzando “una invitación urgente a vivir el Evangelio de manera radical y con sencillez, ofreciendo un testimonio valiente de la fe que supera todas las barreras y abre horizontes de esperanza y de fraternidad”.