Museo Provincial de Lugo que fue Convento de San Francisco

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El Museo Provincial de Lugo tiene su sede en el antiguo convento de San Francisco, junto a la iglesia de San Pedro. El origen legendario del cenobio se encuentra en una hipotética peregrinación de san Francisco a Santiago de Compostela en el 1214, aunque lo cierto es que los primeros datos sobre la presencia de monjes franciscanos en Lugo no se encuentra documentada hasta la década de 1270.

El claustro del convento se sitúa al norte de la iglesia de San Pedro, con la que originariamente se encontraba comunicado. Fue construido en 1452, tal y como puede leerse en una inscripción situada en sus arcos. Tiene una planta cuadrada, y es un magnífico ejemplo de arquitectura mendicante. Cada lateral presenta un total de nueve arcos de medio punto, divididos en tres bloques por medio de dos pilares, con dobles columnas muy estilizadas, y capiteles decorados, en la mayoría de los casos, con formas vegetales. El piso superior fue construido posteriormente. Tanto la cocina como el refectorio fueron reconstruidos en el siglo XVIII sobre las dependencias originales, y en la actualidad se encuentran integradas en el recorrido expositivo del Museo.

En 1835, la desamortización del recién nombrado Ministro de Hacienda, Juan Álvarez Mendizábal permitió su venta a manos privadas. En 1880 iglesia y convento fueon recuperados para el culto y el templo se volvió a abrir al culto. Del antiguo cenobio se ha conservado el claustro gótico, y el refectorio y la cocina, realizados en el siglo XVIII.

1957 se traslada el museo provincial al edificio que fue convento de San Francisco.

En un lateral del claustro se expone una colección de relojes de sol, datados entre los siglos XVI y XIX. Pero lo más destacado de este espacio es la colección de capiteles, aras y placas votivas, con epigrafía romana, tardoantigüa y medieval que se expone en las galerías del claustro, y en la antigua sala capitular.

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El refectorio y la cocina

La visita comienza en el antiguo refectorio del convento, en donde se exponen algunas maquetas arquitectónicas de edificios singulares de la provincia. Desde allí se accede a la cocina, presidida por una gran chimenea que ocupa buena parte del espacio, y en donde se exponen los fondos etnográficos.

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Las salas de arte sacro

En el piso bajo se sitúan también las salas de arte sacro con numerosos ejemplos de escultura y pintura medieval, renacentista y barroca, así como obras de orfebrería y Bellas Artes, entre las que destaca una magnífica colección de cruces procesionales.

La sala de los Mosaicos y de la plástica romana

En la última sala del piso bajo se exponen algunas de las obras maestras del Museo. Aquí puede verse un magnífico mosaico romano datados en el siglo III d.C. y procedente de una domus localizada en la calle de Armañá. Se trata de una pieza rectangular de 38 metros cuadrados. En el centro del mosaico se pueden apreciar las figuras de Dédalo y Pasifae, si bien en esta parte muchas de las teselas se han perdido. El héroe se encuentra sentado en un banco al lado de un caldero, mientras que la figura de Pasifae se distingue por su larga túnica, único resto conservado, y por debajo se aprecia la cabeza de un toro. Junto a la dama se aprecia una construcción, que puede identificarse como el Laberinto que construyó Dédalo, o con la torre que construyó la reina para encerrar al Minotauro. Enmarcando este espacio se encuentran dos cenefas decoradas con motivos geométricos, mucho mejor conservados que la escena figurativa.

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En las paredes de la sala también pueden verse dos de los mosaico de Batitales, datados en el siglo III-IV d.C., y que complementan a los que se encuentran en la Casa de los Mosaicos, en la calle del Doctor Castro. En uno de ellos se aprecia la cabeza del dios Océano con dos patas de cangrejo a modo de cuernos, y rodeado de peces y otros seres marinos, mientras que en el otro la decoración está formada por un pulpo y motivos geométricos.

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Además de estos mosaicos, en la sala se exponen diferentes estelas funerarias, relieves y esculturas romanas, procedentes de diversos puntos de la provincia. La más destacada es la estela funeraria de Crecente, datada en el siglo I d.C., y hallada en San Pedro de Mera. Sus 2,8 m. de altura, la convierten en la protagonista de este espacio. Su frontal se encuentra dividido en tres bandas horizontales. En la parte superior se aprecia un grupo escultórico de una familia, y en el centro una inscripción, mientras que la parte inferior se encuentra sin labrar. El texto epigráfico ha permitido identificar a los miembros de la familia, y por él sabemos que la estela está dedicada a Apana, que murió a los 25 años de edad.