Os recomiendo un libro: ‘La destrucción creadora’

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¿Cómo multiplicar el fruto y el carisma de una comunidad de fe?

Soñando a lo grande, mirando al futuro con pasión… pero hay que preparar las siguientes generaciones de apasionados y motivar a los creativos

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Luigino Bruni, profesor de Economía Política en la Universidad LUMSA de Roma. Es miembro del movimiento de los Focolares y experto en “economía de comunión”, en el análisis de las organizaciones que buscan algo distinto al mero lucro.

La destrucción creadoraCómo afrontar las crisis en las organizaciones motivadas por ideales, algo distinto a los incentivos económicos y sueldos, que son ONGs, asociaciones culturales, movimientos espirituales, etc…

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¿Por qué no crecemos? Porque no atraemos gente ilusionante. ¿Por qué no tenemos vocaciones, por qué ya no crecemos?, se plantean los nuevos gestores. Y buscan recortar gastos, vender inmuebles, reestructurar. Pero Bruni dice que eso no basta, porque una mera gestión de recursos no aporta vocaciones. Para atraer a la gente creativa, ilusionada e ilusionante, motivada y motivadora, se necesita pasión.

Una cosa es el “núcleo inmutable de la inspiración originaria”, aquella intuición de San Francisco de llevar el evangelio a los pobres y llevar a los pobres al corazón de la Iglesia y de Dios. Y otra cosa es nuestra “forma organizativa e histórica” que esta inspiración ha tomado, lo que nosotros, movidos por el Espíritu, hemos hecho de esta intuición. Si esta intuición original no se adapta a los tiempos puede acabar marchitándose, pero si perdemos la raíz y la comunión con el origen acabaremos haciendo nuestra propia obra , no la de Dios.

1.- Un buen árbol no da fruto si no hay un bosque que poliniza!

Bruni cree que un carisma, para sobrevivir, ha de diversificarse, multiplicar su oferta: “un árbol que ha dado buenos frutos, para seguir viviendo y fructificando, se ha de convertir en un campo de frutales, en bosque, en selva, exponerse al viento y al polen y acoger en sus ramas abejas que esparzan las semillas“. Y dejar que el viento del Espíritu haga lo que Dios quiera y a lo que Dios nos mueva.

Nos pone como ejemplo a los franciscanos: ochocientos años después, dice que seguimos dando fruto en la Iglesia porque nos hemos diversificado en muchas comunidades y estilos distintos. El pensar y sentir de Francisco de Asís se aplica en comunidades que nacen en lugares muy diversos.

Si arriesgas, quizás falles; pero si no arriesgas, ya has muerto

Bruni avisa: un carisma o movimiento tendrá que arriesgarse y probar muchas cosas nuevas y atraer mucha gente diversa. Si se arriesga, no hay garantía de éxito. Pero si no se arriesga, hay garantía de morir de esclerosis en una o dos generaciones.

Además, no se puede uno esperar a que el proceso de fosilización haya avanzado: hay que sembrar las semillas ya mismo. Nuestra vocación ha de ser sincera y reconocer que no basta que seamos gestores de un patrimonio heredado, de una santidad probada. Ser gestores no promete vida.

“La sabiduría de gobierno del fundador y/o de sus primeros colaboradores consiste en hacer que las personas creativas puedan desarrollarse en su diversidad y no en transformarlas en vasallos solo al servicio del carisma del líder”, insiste. Un movimiento ha de tener “biodiversidad”, como una granja: si se dedica al monocultivo, se agotará en una generación.

Los que creen que “aún vamos bien”. ¿Eres de los que creen que aún somos lo que fuimos? ¿Crees que podemos seguir tal como hoy un día más?

Un problema es que a un movimiento le puede pasar como a un artista, que se siente en la cumbre de carrera, sabe que tiene fans y admiradores… y no se da cuenta de que ya ha empezado su declive, porque este artista, en vez de seguir investigando a los clásicos y aprendiendo de los genios, ahora se dedica a copiar de sus propias obras y a autocitarse. La decadencia ya se ha instalado aunque aparenta fuerza. Debería estar preparándose la siguiente oleada de creatividad, pero no le dedica recursos porque “parece que estamos bien”.

Dos peligros al gestionar desilusiones

Además, los fundadores estaban llenos de ilusión, buscaban imposibles, se lanzaban… y conseguían cosas asombrosas. En cambio, la siguiente generación se encuentra con desilusiones y no sabe gestionarlas.

Un error, previene Bruni, es “reducir el alcance real del carisma y convertirlo en algo más fácil de manejar: así Yahvé es reducido a un becerro de oro”. Pero este carisma rebajado ya “es incapaz de atraer a personas de alta calidad humana y vocacional, porque cuando se reduce el componente ideal del mensaje y de la experiencia, las personas excelentes dejan de reconocerse en ellos”.

Un segundo error es inventarse una ideología para distraer o engañar a las personas que aman sus grandes ideales pero que empiezan a desilusionarse al ver que no se alcanzan. Así, al que pierde la ilusión real (positiva, entusiasmante) se le intenta distraer con espejismos e “ilusionismo” (falsedades).

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Las primeras teresianas, inspiradas y apoyadas por San Pedro Poveda, 
escena de la película “Poveda”, de 2016

Jetró aconsejó bien a Moisés: multiplicar los líderes y profetas

Si en 2 Timoteo 2,2 San Pablo pide “formar formadores”, Bruni pide “ilusionar a ilusionadores”, multiplicar los “Moisés”, la gente capaz de entusiasmar y contagiar y mover al pueblo. Para Bruni, buen conocedor de la Biblia, el modelo es Éxodo 18,14-18: Moisés, aconsejado por su suegro Jetró, organiza a su pueblo en grupos pequeños con responsables de grupo, multiplica el número de líderes, de maestros, no quiere que sigan siendo una masa dependiente de una sola mente.

Bruni señala, además, que el consejo, bueno, lo da Jetró, que en realidad no es miembro pleno del pueblo de Israel, es un observador externo. Por eso, los movimientos necesitan amigos de fuera del movimiento que les orienten… y a los que obedecer, a veces.

El problema es que hay poca demanda por mala oferta

Como conclusión, Bruni resume: “las crisis dependen de un problema de demanda -falta de personas atraídas por el carisma-, en muchos casos originados por errores de oferta -demasiada estructura, poca creatividad, escasa energía vital, falta de capacidad de reacción, asumir que ya estamos al final y no merece la pena trabajar…”.

Ante la crisis, el movimiento o comunidad no deben “mirar adentro creando nuevas estructuras” sino “aligerar estructuras y liberar energías para devolver aliento y tiempo a las personas”.

El libro ayudará a cualquiera que quiera revitalizar su parroquia, gremio, asociación, ONG, movimento, grupo, escuela… todo lo que nació con un sueño, una visión, una pasión, y que no puede mantenerse, simplemente, pagando sueldos.