La comunidad humana ha sido el sueño de Dios desde antes de la creación del mundo

Carta del Santo Padre al Presidente de la Pontificia Academia para la Vida con ocasión del XXV aniversario de su institución

Humana communitas
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La comunidad humana ha sido el sueño de Dios desde antes de la creación del mundo (cf. Ef 1,3-14). El Hijo eterno engendrado por Dios tomó en ella carne y sangre, corazón y afectos. La gran familia de la humanidad se reconoce a sí misma en el misterio de la generación. De hecho, entre las criaturas humanas la iniciación familiar en la fraternidad puede ser considerada como un verdadero tesoro escondido, con vistas a la reorganización comunitaria de las políticas sociales y a los derechos humanos.


La Fraternidad, ese “tesoro escondido” tan fácil de perder

La gran dificultad es “la desconfianza recíproca entre los individuos y entre los pueblos” que “se alimenta de una búsqueda desmesurada de los propios intereses y de una competencia exasperada, no exenta de violencia”.

“La distancia entre la obsesión por el propio bienestar y la felicidad compartida de la humanidad se amplía hasta tal punto que da la impresión de que se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana”.

No estamos dando la relevancia necesaria a la “cuestión de la unidad de la familia humana y su futuro”.


La paradoja: degradación espiritual y progreso tecnológico

Resulta que unos recursos económicos y tecnológicos  que “nos permitirían cuidar suficientemente de la casa común y de la familia humana” son precisamente los que provocan “nuestras divisiones más agresivas y nuestras peores pesadillas. “Los pueblos sienten aguda y dolorosamente, aunque a menudo confusamente, la degradación espiritual —podríamos decir el nihilismo— que subordina la vida a un mundo y a una sociedad sometidos a esta paradoja. La tendencia a anestesiar este profundo malestar, a través de una búsqueda ciega del disfrute material, produce la melancolía de una vida que no encuentra un destino a la altura de su naturaleza espiritual”.“ El sistema económico y la ideología del consumo seleccionan nuestras necesidades y manipulan nuestros sueños ”

¿Qué puede hacer la Iglesia?

“Debemos preguntarnos seriamente – dice – si hemos hecho lo suficiente para dar nuestra contribución específica como cristianos a una visión de lo humano que es capaz de sostener la unidad de la familia de los pueblos en las condiciones políticas y culturales actuales”.

>Reaccionar frente a la división y la indiferencia

“El pueblo cristiano, haciendo suyo el grito de sufrimiento de los pueblos, debe reaccionar ante los espíritus negativos que fomentan la división, la indiferencia y la hostilidad. Tiene que hacerlo no solo por sí mismo, sino por todos.

> Perseguir una nueva perspectiva ética universal

“Es urgente que los ancianos crean aún más en sus mejores “sueños” y que los jóvenes tengan “visiones” capaces de impulsarles a comprometerse con valentía en la historia”. Y agrega que el objetivo a perseguir a nivel cultural es “una nueva perspectiva ética universal, atenta a los temas de la creación y de la vida humana”.

Hay que favorecer el humanismo frente a la voluntad de poder que se sirve del firme apoyo del mercado y la tecnología.

> La Diversidad humana es un bien absoluto

“La diversidad de la vida humana es un bien absoluto, digno de ser custodiado éticamente y muy valioso para la salvaguardia de toda la creación.


La construcción de una fraternidad universal

Hay que relanzar una nueva visión de un humanismo fraterno y solidario de las personas y de los pueblos:  la familia humana es signo de la vitalidad de Dios Padre y promesa de un destino común para la redención de todo el amor que, ya desde ahora, la mantiene viva.

“ Todos los caminos de la Iglesia conducen al hombre ”

Hay algunas iniciativas y gestos de tutela de la vida

“Los gestos de acogida y defensa de la vida humana, la difusión de una sensibilidad contraria a la guerra y a la pena de muerte”, el “interés creciente por la calidad de la vida y la ecología” y la “difusión de la bioética”.

Es necesario comprometerse con la promoción y protección de la vida humana en todo su desarrollo, la denuncia del aborto y de la supresión de los enfermos como males gravísimos que contradicen el Espíritu de vida y nos hunden en la anti-cultura de la muerte.

Incorporar el anuncio del Evangelio en la experiencia concreta

Para comprender “el sentido de la vida humana”, hay que hacer referencia a la “dinámica de la generación” para evitar de esta manera “reducir la vida a un concepto puramente biológico o a una idea universal abstraída de las relaciones y de la historia”.

“La posibilidad de orientar el desarrollo económico y el progreso científico hacia la alianza del hombre y de la mujer, para el cuidado de la humanidad que nos es común, y hacia la dignidad de la persona humana, se basa ciertamente en un amor por la creación que la fe nos ayuda a profundizar e iluminar”.

“La perspectiva de la bioética global, con su amplia visión y su atención a las repercusiones del medio ambiente en la vida y la salud, constituye una notable oportunidad para profundizar la nueva alianza del Evangelio y de la creación”.

El Papa insta a participar “en la reflexión sobre los derechos humanos, que son un punto central en la búsqueda de criterios universalmente compartidos”.

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Que las Nuevas tecnologías no oscurezcan la alegría de la fraternidad.

Las tecnologías de la información y de la comunicación, las biotecnologías, las nanotecnologías y la robótica. Es necesario comprender los cambios profundos que se anuncian en estas nuevas fronteras, con el fin de identificar cómo orientarlas hacia el servicio de la persona humana, respetando y promoviendo su dignidad intrínseca.

También “la medicina y la economía, la tecnología y la política que se elaboran en el centro de la ciudad moderna del hombre, deben quedar expuestas también y, sobre todo, al juicio que se pronuncia desde las periferias de la tierra”

Debemos reconocer que la fraternidad sigue siendo la promesa incumplida de la modernidad. La fuerza de la fraternidad, que la adoración a Dios en espíritu y verdad genera entre los humanos, es la nueva frontera del cristianismo.