13 de junio: San Antonio

Nacido en Lisboa en 1195, San Antonio de Padua, bautizado como Fernando, llegaría a ser conocido como uno de los grandes confesores (uno que da testimonio heroico de la fe) de la Iglesia Católica. Fernando fue educado en una escuela católica y se unió a los Canónigos Regulares de San Agustín cuando tenía 15 años. Para centrarse más en sus estudios, se trasladó al Convento de la Santa Cruz donde permaneció durante los siguientes ocho años. Su profunda comprensión le ayudó a reunir una gran cantidad de conocimiento teológico de las Sagradas Escrituras y los escritos de los primeros Padres de la Iglesia.

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En el año 1220, Fernando estuvo presente cuando los cuerpos de los primeros mártires franciscanos fueron traídos a la Iglesia de Santa Croce. Este joven de 25 años comenzó a desear el martirio. En 1220, Fernando se unió a la orden franciscana y tomó el nombre de Antonio. En la primavera de 1221 embarca hacia Marruecos, y por razón de alguna enfermedad debe volver a Portugal pero, por vientos y tormentas, esta expedición desembarca en la costa de Sicilia. Aquí permanece un tiempo hasta que recuperó su salud.

En alguna celebración de ordenación de sacerdotes, en la que no había quien pudiera hacer la predicación, se le pide a Fray Antonio si él podría llenar ese hueco. En obediencia a la petición, Anthony sorprendió a sus hermanos con su profunda comprensión de la Sagrada Escritura y la doctrina, y también con su entrega apasionada a la voluntad de Dios. Antonio fue propuesto por San Francisco para enseñar teología a sus compañeros franciscanos. Sus habilidades de oratoria, su elocuencia, pasión y profundidad atrajeron a muchos a la fe.

Antonio, a menudo, tenía que hablar fuera de las iglesias porque las multitudes eran más grandes que cualquier edificio podía contener. Habló abierta y honestamente contra la opresión de los pobres, la incoherencia del clero y las diversas herejías que se estaban expandiendo en ese momento. Su habilidad para desarmar a los herejes le valió el título “Martillo de los herejes”.

En 1231, una multitud de 30,000 personas se reunieron para escucharle predicar un día de Cuaresma. Por la fuerza de sus palabras, muchas personas retornaron a la paz y el perdón. Los sacerdotes de Padua se sintieron abrumados por el número de personas que buscaban el Sacramento de la Reconciliación. Antonio enfermó y murió a la edad de 36 años, un 13 de junio de 1231.

Además de su increíble habilidad como orador, a San Antonio también se le atribuyeron muchos milagros. En una ocasión, un hereje italiano le dio a Antonio un plato envenenado. Con el signo de la cruz, el veneno se hizo inocuo. En algunas ocasiones, las oraciones de San Antonio impidieron que la lluvia cayera sobre las multitudes reunidas para escucharlo predicar. En la actualidad, se pide a San Antonio que interceda para ayudar a encontrar los objetos perdidos, ¡Y los encuentra!. San Antonio fue canonizado el 30 de mayo de 1232 por el Papa Gregorio IX y declarado Doctor de la Iglesia en 1946. Su fiesta es el 13 de junio.

El secreto de su fuerza fue leer la biblia desde pequeño. Poco a poco, hasta llegar a conocerla y comprenderla con ayuda de la oración.