Se estrena en España el 18 de Mayo: la película: “Dos Coronas”, la historia de P. M.Kolbe.

Maximilian Kolbe es probablemente una de las figuras más conocidas e internacionales de Polonia. La decisión heroica que puso fin a su vida le ha catapultado a la fama en todos los rincones de la tierra. Grandes personalidades del mundo, todavía hoy, se acercan a su celda en Auschwitz casi como una visita obligada al llegar al campo de concentración. Pero la vida de Kolbe fue casi tan poderosa y chocante como su propia muerte. DOS CORONAS combina la recreación de hechos hasta ahora desconocidos con las declaraciones de expertos y de personas que le conocieron y quedaron impactados por sus palabras y acciones. La parte documental fue preparada en Polonia, Japón e Italia y entre otros participa Kazimierz Piechowski, a quién conoció en el campo de concentración.

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El relato muestra sus grandes obras: la creación de La milicia de la Inmaculada contra los masones que él había visto en Roma; la difusión de la devoción a la Inmaculada; la publicación de su revista El caballero de la Inmaculada, llegando a tener tiradas de más de un millón de ejemplares; la construcción del convento de Niepokalanow en el que en poco tiempo llegó a haber casi 800 hermanos franciscanos; su viaje a Japón y la construcción allí de un convento enorme en las afueras de Nagasaki y no en el centro –gracias a lo cual sigue en pie- porque, misteriosamente, Kolbe sabía que una inmensa bola de fuego iba a arrasar aquella ciudad; y su vuelta a Polonia y su tremenda experiencia en Auschwitz, donde se le condenó a morir de hambre y sed, sobreviviendo a todos sus compañeros de celda pese a solo tener un pulmón.

Lo más interesante del largometraje aparece al final, en boca de un sacerdote alemán que suele hacer de guía en Auschwitz. Él explica cómo, ensimismándose con la experiencia del padre Kolbe, un día entendió lo que significó el paso de aquel monje por el campo de concentración más inhumano que haya conocido el hombre.

Su fe no sólo se convirtió en luz de esperanza para todos los que le rodeaban, sino que su modo de enfrentarse a la circunstancia fue un testimonio claro de la resurrección.

Pese a fallecer tras la inyección letal que le administraron, nos dice el clérigo, él había vencido: la muerte no había tenido la última palabra. Prueba de ello es que, a pesar de que los guardias alemanes estaban acostumbrados a escuchar cómo les llegaba la muerte a los reclusos entre gritos de horror, de la celda en la que estaba Kolbe sólo salió el sonido de los cánticos y las oraciones que él dirigía.