22 abril: DÍA INTERNACIONAL DE LA TIERRA 2018 + El buen Pastor: Jornada de oración por las vocaciones

Para tener en cuenta en nuestra eucaristía de este Domingo IV de Pascua,  22 de abril.

Día de la Tierra: se viene celebrando en el mundo desde 1970, con el objetivo de hacernos conscientes de que el planeta Tierra es nuestra casa común, en la que se manifiestan nuestras relaciones (con el resto de seres humanos, con los demás seres vivos y con el ambiente natural en el que se teje nuestra vida y la de quienes nos sucedan. , que nos haga adoptar comportamientos más sostenibles, más cuidadosos con nuestra hermana madre Tierra, que diría San Francisco..
Abriéndonos a la acción del Espíritu, hoy queremos responder a esta llamada a hacernos conscientes de la Tierra como casa común, y a cuidarla.

/// ORACIÓN POR NUESTRA TIERRA, DEL PAPA FRANCISCO. (Laudato sii )
—Padre nuestro que estás presente en todo el Universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie.
—Padre de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta Tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.
—Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
—Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

/// CÁNTICO DE LAS CRIATURAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
—Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor; tan sólo tú eres digno de toda bendición, y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
—Loado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, y lleva por los cielos noticia de su autor.
—Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras, que tu poder creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
—Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
—Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!
—Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

—AGRADECED SUS DONES, CANTAD SU CREACIÓN,  LAS CRISTURAS TODAS. LOAD A MI SEÑOR.

/// Jornada Mundial de Oración por las vocaciones

“No podemos esperar a ser perfectos para responder ‘aquí estoy’”

— La Santa Sede publicó, en la mañana del lunes 4 de diciembre, el Mensaje del Papa Francisco, para la 55ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2018, que celebramos. HOY 22 de abril (IV Domingo de Pascua) y que lleva por título “ESCUCHAR. DISCERNIR, VIVIR LA LLAMADA DEL SEÑOR”

Los tres aspectos en torno a los cuales gira el mensaje son un recuerdo de la vida del propio Jesús y su misión, quien, como dice el Papa, “va a su sinagoga de Nazaret, y allí se pone a la escucha de la Palabra, discierne el contenido de la misión que el Padre le ha confiado y anuncia que ha venido a realizarla ‘hoy’”.

1. Escuchar

Este primer punto es clave para las vocaciones, ya que hoy en día, especialmente los jóvenes, “vivimos inmersos en una sociedad ruidosa, en el delirio de la abundancia de estímulos y de información que llenan nuestros días. Al ruido exterior, que a veces domina nuestras ciudades y nuestros barrios, corresponde a menudo una dispersión y confusión interior que no nos permite escuchar”.

Además Francisco recuerda que la llamada de Dios “no es tan evidente como las cosas que vemos cada día, nos llama de modo discreto sin coartar nuestra libertad”. Por ello mediante el silencio y la oración facilitamos la llamada del Señor, cuando “sabemos entrar en las profundidades de nuestro espíritu y abrirlo a la brisa divina”.

2. Discernir

Igual que Jesús supo distinguir cuál era su misión en el templo, las vocaciones dependen de saber discernir, algo que la Iglesia ha definido como “proceso por el cual la persona llega a realizar, en el diálogo con el Señor y escuchando la voz del Espíritu, las elecciones fundamentales, empezando por la del estado de vida”.

Sin embargo, el Papa señala la importancia de la dimensión profética de las vocaciones: “El profeta sacude la falsa tranquilidad de la conciencia que ha olvidado la Palabra del Señor, discierne los acontecimientos a la luz de la promesa de Dios y ayuda al pueblo a distinguir las señales de la aurora en las tinieblas de la historia”.

Por todo ello, en el mensaje exhorta a toda la Iglesia a “leer desde dentro la vida e intuir hacia dónde y qué es lo que el Señor le pide para ser continuador de su misión”.

3. Vivir

“La alegría del Evangelio, que nos abre al encuentro con Dios y con los hermanos, no puede esperar nuestras lentitudes y desidias; no llega a nosotros si permanecemos asomados a la ventana, con la excusa de esperar siempre un tiempo más adecuado; tampoco se realiza en nosotros si no asumimos hoy mismo el riesgo de hacer una elección. ¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el presente! Y cada uno está llamado –sea en vida laical, sacerdotal, matrimonio…- a ser testigo del Señor aquí y ahora”, reclama Francisco.

Respecto a este punto, el Papa se muestra tranquilizador, pidiendo que “no tengamos miedo” de seguir las vocaciones, porque “es hermoso —y es una gracia inmensa— estar consagrados a Dios y al servicio de los hermanos, totalmente y para siempre”.

No podemos esperar a ser perfectos para responder con nuestro generoso ‘aquí estoy’, ni asustarnos de nuestros límites y de nuestros pecados, sino escuchar su voz con corazón abierto, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y en el mundo, y vivirla en el hoy que Dios nos da”, concluye el mensaje.

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