Las dos iglesias de San Francisco en Compostela y las devociones promovidas por la orden

EL PRIMER TEMPLO

De la  iglesia que levantaron inicialmente los franciscanos en Compostela tan solo queda un parte de su cimentación,  en la zona de la actual portería del convento. Desde un  primer momento tuvo que haber un templo junto a la casa en la que habitaron aún cuando, con el paso del tiempo, se iría rehaciendo y ampliando.  Aún cuando la fundación compostelana se fecha hacia 1222 no nos encontraremos, sin embargo,  hasta  1348 con el dato de que se hacen obras en la capilla mayor, por una donación testamentaria de una tal Elvira Pérez; ha de ser, pues, por entonces, cuando se estaba reformulando este edifico, ahora con planta de cruz latina y un ábside; se cubría, en tanto, con madera y había sido construido, básicamente, en mampostería.

En 1521 se le hizo un campanario sobre la puerta. A ese mismo momento ha de corresponder una escultura con el tema de  la Virgen de la Paz imponiendo  la casulla a San Ildefonso – hoy retirada del culto-, devoción que también, se muestra, de parecida forma, en el retablo de la capilla del Salvador, en la catedral compostelana. Tanta importancia tuvo que, tras realizarse la iglesia nueva, presidió, durante un tiempo, una de sus capillas, concretamente la que hoy se dedica a la Virgen del Carmen.

Entre las obras hechas aquí, posteriormente, cabe citar, entre otras, la realización de una síllería coral que tenía, por 1683, nada menos que 62 sillas, un número que supone  se una comunidad importante,  aunque mayores eran las de la Catedral, con 86,  y la San Martín Pinario, con 84. En ese mismo espacio contaban con un magnífico órgano, con una caja grande,  que, según reconocía el guardián franciscano de entonces, “…. muchos le envidian, no tenemos que emular a ninguno de cuantos hay en la ciudad menos los dos de la Catedral…”. Es más, en ese coro, se representaban al fresco, a los lados de un retablo, en una parte,  a un Santiago ecuestre  y en la otra al “…. Exmo. Y Venerable Señor cardenal Ximenez conquistando a Orán…”. De este modo,  pues, los franciscanos ponían a una de las grandes personalidades de su Orden en España en relación con el Apóstol.

En ese mismo templo antiguo existían una serie de capillas vinculadas a diferentes fundaciones: la de San Ildefonso – en la que cabe suponer, originariamente, integrada la imagen antes citada-; la de las Angustias; la de la Concepción o de Nuestra Señora de los Ángeles;  la del Ecce Homo – presumiblemente presidida  por una escultura hoy retirada del culto- ;  la de la Encarnación o Anunciación ; la de la Expectación; la de la Concepción (devoción que, por lo tanto, se repite);  la de San Antonio; la de San Luis (después, de Santa Rosa). Había además una capilla de Ánimas. También fueron muchos, e importantes,  los compostelanos que buscaron aquí su lugar de enterramiento

LA NUEVA IGLESIA

Con el paso de los años el viejo templo franciscano resulta  insuficiente y, además, inseguro; tanto es así que existía el riesgo de que se desplomase,  lo que  llevó, a partir de 1740, a plantearse la conveniencia de hacer uno nuevo  que Simón Rodríguez,  va a trazar en el espacio del solar que hoy ocupa, cuestión que tuvo que ser acordada con los monjes de San Martín Pinario,  teniendo en cuenta que se disponía en el espacio inmediato al “camino que va a Nuestra Señora de la Fuente”, y se necesitaban, para ello, terrenos pertenecientes a los benedictinos. Solucionada tal cuestión por 1742 todavía años después,  por 1748-1749,  estaba pendiente de resolución el tema de la altura que debía de tener el conjunto de la obra franciscana.

Simón Rodríguez dirigirá la obra hasta su muerte, en 1752. Después la seguirán los frailes Fray Manuel de la Peña (hasta 1769) y Francisco de Mira (hasta 1774). Aún cuando el arzobispo Rajoy bendice el templo en 1764 no se concluirá hasta 1787. El hecho de que la Academia de San Fernando supervise los planos justificará una serie de cambios,  que dejan atrás lo barroco para acercarse a las directrices neoclásicas, que se concretarán ya en tiempos del citado fray Manuel de la Peña.

La planta del nuevo templo tiene forma rectangular, en la que se inscribe una cruz latina, con capillas laterales, a ambos lados del crucero, enlazadas entre sí. Cuenta además con tribunas sobre dichas capillas y un amplio coro, a sus pies en donde, en 1792, se levantaría una sillería –la actual- que tiene 72 sillas,  que llegaron a ser insuficientes, pasado un tiempo, lo que obligó a poner, también aquí, bancos para albergar a tan numerosa comunidad.

En 1876 se cerró tanto el presbiterio como las capillas laterales por medio de rejas, con lo que, a través de tal compartimentación, se buscaba generar un espacio propio para cada altar, algo que perduró hasta 1968, en que se retiraron. También se contó con un nuevo órgano a partir de 1890, de la casa Richard Ibach de Barmén (Alemania), que, en estos momentos, esta en proceso de reparación , labor a cargo del organero Luis Moreno Barbero, de Málaga, con la colaboración de José Almonte del Valle, de Huelva.

sanf_664090_0x0_izda[1]
SUS DEVOCIONES

En su fachada destaca, sobre la puerta, la imagen de San Francisco, debida al escultor José Ferreiro (1780). También el culto a la cruz, venerada por ángeles en su parte más elevada, traduce al exterior el sentido devocional franciscano, tan vinculado a la Pasión y a la Tierra Santa.

Tres son, básicamente,  las líneas de culto que se desarrollan en el interior del templo. En primer lugar la vinculada a Jesús y su Pasión. En este sentido se localizan aquí el paso de la Santa Cena, obra del escultor Juan  Sanmartín,  encargada por el Ayuntamiento en 1863 ; el Ecce Homo;  el Cristo de la Buena Muerte que tiene a José Ferreiro como autor;  la Cruz, que había sido traída por los franciscanos de Tierra Santa, que se data en el siglo XV;  y, además, el Sagrado Corazón de Jesús, obra del valenciano Modesto Pastor, de principios del XX. También hay una representación sobre la muerte de San José, en la que aparece acompañado por Jesús, María y un ángel.

Concretamente el Cristo de la Buena Muerte se incluye en un retablo encargado a Agustín Trasmonte en la última década del siglo XVIII. Tenía, originariamente, a sus lados las figuras de la Virgen María y San Juan, al igual que sucedía en el retablo del Cristo de la Paciencia –  también vinculado a Ferreiro- , del monasterio de San Martín Pinario; cabe la posibilidad de  la que es hoy una Santa Cecilia – sita en el convento, y que fue anteriormente un San Juan-  provenga de este retablo del Cristo de la Buena Muerte.  Las catorce estaciones del Vía Crucis, en otras tantas pinturas, se suceden, por dos veces, en la iglesia, una en su nivel inferior y otra, en el coro.

El culto a María tiene, también, gran importancia en esta iglesia. Puede verse bajo la advocación de la la Inmaculada, en el retablo mayor; en una obra realizada en el taller de Ángel Rodríguez, en el que trabajaron  Luis Puente y Jorge Rodríguez, con quienes ha de vincularse esta obra, conocedora de otra anterior – que se encontraba en muy malas condiciones- que ocupó este mismo lugar.  Así mismo el culto a la Virgen de los Dolores tiene retablo propio, al igual que Nuestra Señora de la Valvanera, devoción introducida por el conde de Ximonde en 1772; y la  Virgen del Carmen, en un espacio originariamente destinado a ser capilla de San Ildefonso.

Las devociones vinculadas directamente con la orden franciscana cuenta, en este caso, con un notorio desarrollo. Así se nos muestran a Francisco y Clara de Asís, así como a Buenaventura , en el retablo mayor; tienen, igualmente, un retablo, Antonio de Padua, en el crucero; y en otras tantas capillas: Benito de Palermo, Pascual Bailón, Diego de Alcalá, Bernardino de Sena – que compartía, originariamente,  retablo con Juan de Capistrano,  amigo suyo, y Jaime de las Marca, su discípulo (en sus respectivos espacios están hoy Santa Rita y Santa Teresa)-;  los Mártires de Damasco; el beato Duns Escoto… En el retablo que presenta hoy, únicamente, a Francisco Blanco se mostraba, también, en pintura,  a  “Pedro Bautista y 20 santos más de la Orden que padecieron el martirio en Japón en 1595”.

Santo Domingo de Guzmán, el fundador de los dominicos, se presenta en un lateral del retablo principal que está timbrado, hacia su parte alta, por dos escudos franciscanos. Debe de tenerse en cuenta que, originariamente, el retablo mayor, patrocinado por el arzobispo Vélez,  no tenía en su traza de 1833, los cuerpos superiores y se completaba en altura  figurando, según se decía por 1862, “… de pinturas un gran retablo”. Es en 1878  cuando fray José Rodríguez le otorga la forma que hoy tiene.

En los retablos que presiden el crucero,  podemos ver, arriba, en el que hoy nos presenta al Sagrado Corazón de Jesús, un medallón con el Santiago ecuestre, en tanto que al otro lado, en el de San Antonio, se muestra, de idéntica forma, uno de los milagros de este santo: el de haberse postrado un caballo ante la hostia consagrada.
La tumba de los hermanos García Pan es obra datada en 1896; cabe relacionarla con el quehacer de Ramón Núñez Fernández, profesor, por entonces de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago de Compostela, autor, también, de las tumbas de Lope de Mendoza y Rajoy, en la catedral compostelana.

LA SACRISTÍA
Guarda, entre otras,  dos imágenes que proceden de los retablos de la iglesia; concretamente la de San Luis de Anjou – que estuvo, originariamente, en el retablo mayor, en el lugar ocupado hoy por San Buenaventura- y la de Rosa de Viterbo.

Un buen relicario se presenta en un lateral de la sacristía. También se guarda aquí el Sagrario del Monumento de Jueves Santos, obra realizadas en 1879, según diseño del P. Francisco Ferrando y realización de Fr. José Rodríguez.

Entre los cuadros que pueden verse en la sacristía cabe citar aquellos que nos muestran los temas de Francisco orante en la catedral compostelana y el tributo de los peces; ambos formaron parte del retablo mayor, en su parte baja. También tienen su mérito los que nos muestran los siguientes temas:   Francisco degollando con la espada de San Pablo a un Obispo indevoto, Francisco bendiciendo a Asís, Duns Escoto guiando un  carro triunfal con la Inmaculada – lo identifica el letrero que lleva en su mano; dice así  Potuit; decuit; ergo fecit (‘pudo, quiso, lo hizo’)-.

 

BIBLIOGRAFIA

Otero Túñez, R., ‘Sobre la iglesia compostelana de San Francisco, Cuadernos de Estudios Gallegos, 17 (1962), pp. 391-397.

Rodríguez Pazos, M. , El convento de San Francisco de Santiago y sus dos iglesia, la actual y la derruida en 1741 (1518-1862), Santiago de Compostela, El Eco Franciscano, 1979.

Folgar de la Calle, M. C., Simón Rodríguez, A Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 1989.

Castro y Alonso, Arquitectos, Plan Director Convento de San Francisco, Santiago. Santiago, Comunidad de PP. Franciscanos de Santiago de Compostela, 2001, 7 vols.

San Francisco. Santiago de Compostela,  En Galicia. La magia de los monasterios,

http://www.turgalicia.es/fotos/IMAGENES/FLASH/ARQUITECTURARELIGIOSANP/vr_02_sanfr