La Capilla General de las Ánimas y el culto franciscano

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En 1783 el Consistorio da permiso para construirla y Miguel Ferro Caaveiro será quien inicie la obra.

Nos dicen Fernández Sánchez y Freire Barreiro,  por 1885, refiriéndose a esta capilla, que “… fuera de la catedral, en ningún templo de Santiago se celebran diariamente tantas misas. Dicense sin falta en el altar mayor desde las cinco de la mañana en invierno y desde las cuatro en el verano hasta las doce y media. Esto sin contar las que á la vez se celebran en los otros altares, sobre todo hasta la hora de nueve”.

Quien asciende en Compostela, tras  pasar por el sitio en donde estuvo la antigua Puerta del Camino,  se encuentra, de frente,  con un lateral de  la Capilla General de Ánimas,  que mira, por uno de sus lados,  a una plaza, hoy denominada de Salvador Parga pero que, con anterioridad, se llamaba, también,  de Ánimas y, antes, de Casas Reales. Es ésta una obra levantada, en su origen, por la Cofradía General de Ánimas y de la Veracruz que se había fundado en Santiago en 1655. 

El hecho de que en 1776 tuviese, nada menos, que cuatrocientos cofrades da cuenta de su importancia. Antes de disponerse en donde hoy la encontramos tuvo un espacio propio en el pórtico de la primitiva iglesia del convento de San Francisco; todavía en ese lugar, que se corresponde, aproximadamente, con la portería conventual, puede verse, a un lado de la puerta de ingreso,  una pequeña escultura alusiva a las Ánimas del Purgatorio que bien puede proceder del espacio propio de esta cofradía en ese primer momento.

Serán cuestiones paralelas en el tiempo la concreción de un nuevo templo para los franciscanos compostelanos y la decisión tomada por esta cofradía de contar con un espacio propio. Eran muchas las misas y novenas,  “en sufragio  de las Benditas Ánimas de la Cárcel del Purgatorio”,  a realizar  cada día, las que les llevaron, en 1782, a comprar o permutar un terreno que les valiese para hacer su capilla y, para ello, iban a contar con el espacio  del abandonado Hospital de Impedidos y niñas Desamparadas de la Plazuela de Casas Reales que se había integrado en el asilo de Carretas en el año 1771.

Ya en 1783 el Consistorio ha dado permiso para construir la nueva capilla y será un miembro de la propia cofradía, Miguel Ferro Caaveiro,  quien, con la censura de Ventura Rodríguez,  inicie la obra. Una manzana de casas impedía, sin embargo, en ese momento,   construir su fachada centrada con respecto a la nave y se planteó, inicialmente,  la idea de hacerla en un lateral, también en esta parte de los pies del templo; tal previsión quedó  patente en la obra y su forma, un tanto abocetada,  puede verse, enfrentada a la calle, al ascender por Casas Reales.

El resultado final de esta construcción presenta una amplia y luminosa nave única que deja a cada lado una sucesión de cuatro espacios comunicados entre sí que albergan, en los tres más próximos al altar mayor, otros tantos altares. .  La última del lado del evangelio  tiene la condición de ser lugar de paso para acceder al coro. El presbiterio, amparado por una grandiosa arcada triunfal, se articula con las capillas laterales, mediante formas cóncavas a cada lado, a reconocer como el lugar propio de un colateral, en ambas partes, con respecto al altar mayor.  A los pies del templo se encuentra un amplio nártex, a modo de pórtico,  que deja, a los lados, espacio para la confesión; sobre esta parte, inicial,  se monta el coro,  en dos alturas diferentes.

Ya en 1788 lo fundamental del templo se ha levantado y se consagra, entonces, fijándose como  advocación suya la del  Santísimo Cristo de la Misericordia. Será Melchor de Prado quien concluya por 1813 esta capilla haciéndose, por entonces, su fachada principal, presidida por un relieve con la representación de las Ánimas. En altura puede verse la cruz entre ángeles orantes, al igual que sucede en la iglesia franciscana. De este modo la fachada en cuestión da testimonio plástico de la propia advocación de la cofradía que la levanta, la de  Ánimas y la Vera Cruz.

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LA PASIÓN  Y GLORIA DEL SEÑOR.

Retablos y pinturas enriquecen el espacio interior con un importante conjunto iconográfico. Los nueve retablos nos aproximan a la Pasión del Señor., tres en el lado del Evangelio, tres en el frente,  y otros tantos en la parte de la Epístola. En la parte del evangelio, en donde se inicia el relato, pueden verse los temas de la  Flagelación, el  Ecce Homo y el Camino del Calvario. En la zona media lo que se nos muestra es el Alzamiento de la Cruz, la Crucifixión y el Descendimiento. En tanto esta parte esculpida del relato continúa en la parte de la epístola  presentando el Descendimiento, la Lamentación sobre Cristo muerto y el Santo Entierro.

Ya en la capilla mayor, en los laterales puede verse como se nos muestra a un lado una representación píctorica  del Lavatorio, en el lado del Evangelio  y, al otro, una Santa Cena, dos escenas que completan, con la Crucifixión en medio,  y en escultura, de forma muy adecuada el marco en que inscribir la celebración de la misa.  En la base de cada una de las dos citadas  pinturas pueden verse, en ovalados marcos, al rey Fernando VII, en la parte correspondiente al Lavatorio; y a Pío VII, al otro lado.

Sobre el espacio del altar, como es habitual, está el sagrario y el lugar para la exposición eucarística, en un tabernáculo ante el que se presentan ángeles orantes. A los lados, como santos intercesores, se muestran, hacia el lado del Evangelio a San Antonio de Padua y a  San José; y a la otra parte, a San Roque y a San Ramón Nonato. Encima del citado tabernáculo hay una representación de las Ánimas;  son siete, como el número de pecados capitales y están dispuestas al pie de la Cruz, símbolo por excelencia de la Redención.

El Cristo crucificado, la Virgen y el San Juan de la capilla mayor se han de poner en relación con el escultor Juan Pernas, seguidor de fórmulas propias de José Ferreiro. Por lo que se refiere a toda la escultura desde las que se conciben las diferentes escenas, realizada básicamente en estucos policromados,  son de la autoría de Manuel de Prado Mariño y llevadas a cabo entre 1803 y 1814. Se completa el programa pictórico, realizado por Plácido Fernández Erosa entre 1810 y 1815,  con la representación de la Gloria que puede verse en el arco triunfal.

El espíritu franciscano del conjunto es evidente. Ha sido puesto en relación, oportunamente,  este modo de hacer con el propio de las  capillas de los Sacromontes europeos. Es especialmente destacable el efecto que produce la contemplación conjunta de los tres retablos centrales y de la Gloria que está encima. El Crucificado se está alzando en un lado, se mantiene erguido, en el centro; y en descendimiento a la otra parte. Todo ello, como antesala de la Gloria misma Las estaciones de un Via Crucis y una amplia serie de devociones, con sus limosneros correspondientes, completan lo que aporta este espacio eclesiástico.

SU COLECCIÓN VISITABLE 

En la parte correspondiente al coro se guarda una colección en que se encuentran diferentes testimonios artísticos que completan el conocimiento de este espacio. Hay, de este modo, un lugar para planimetría del edificio. También tienen su espacio  pinturas, orfebrería, limosneros… en un repertorio que se complementa con otros bienes que proceden de la inmediata iglesia de San Benito y que se nos muestran debidamente identificados.

Dos representaciones del  Santísimo Cristo de la Misericordia, que tiene a sus pies a las las Ánimas del Purgatorio,  pueden verse en una pintura y en la placa de un antiguo pendón. Llaman especialmente la atención los limosneros, o petos, que aquí se conservan; bastantes de ellos muestran, también, la representación de las Ánimas – como sucede, en otros, que hay en el pórtico de esta capilla-, aún cuando se encuentran aquí, igualmente, otras devociones; es el caso de las de San José, San Roque y San Ramón Nonato, incidiéndose así en el culto a quienes ocupan un lugar, también, en el presbiterio.

Esta colección se ha abierto al público, dentro del programa Compostela Aberta,  en el año 2000,  siendo promovido por la S.A. de Xestión del Plan Xacobeo.  También merecen una mención especial las obras de restauración, en lo escultórico y pictórico,  promovidas por el Consorcio de Santiago entre los años 2006 y 2011.

BIBLIOGRAFÍA

González Lopo, D., ‘Ante el umbral del Más Allá: el Purgatorio y la Virgen del Carmen en la Galicia postridentina’, en Fernández Cordero, M. J., Pizarro Llorente, H. (ed),Seminario ‘Textos para un Milenio’ (3º. 2012. Madrid). Discursos después de la muerte / III Seminario ‘Textos para un Milenio’ (Madrid, 28-30 de noviembre de 2012), Madrid : Ediciones Carmelitanas, 2013, pp. 53-86.

 

Bouzas Posse, M. C., ‘La antigua capilla de las Ánimas en San Francisco de Santiago’,Abrente, 19-20 (1987-1988), pp. 69-77

 

Singul, F., Santa María del Camino, ánimas y San Benito del Campo. Al final del Camino de Santiago. Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, 2000.

 

Fernández Castiñeiras, E., Monterroso Montero, J. M., ‘Institutio regia, Instituto pontifíciaLas pinturas de la Capilla General de animas de Santiago de Compostela. Un programa iconográfico de carácter institucional’, Semata, 15 (2003), pp. 489-544.

 

Denis, X. (dir.), Restauración dos retablos da Capela Xeral de Ánimas. Consorcio de Santiago, Santiago de Compostela, Consorcio de Santiago, 2010.