Año Jubilar de las HH. Clarisas de Soria

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Con ocasión de los 75 años de la exposición permanente de Jesús Eucaristía en la iglesia del monasterio de Santo Domingo, el Papa Francisco, por medio de la Penitenciaría Apostólica, ha concedido a las HH. Clarisas de Soria un Año Jubilar en el que se podrá ganar la Indulgencia plenaria; este tiempo de gracia será inaugurado por el Obispo de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea, el próximo viernes 11 de agosto, festividad de Santa Clara de Asís, y se prolongará hasta el 11 de agosto de 2018. Para organizar y coordinar los actos de este Año, el Obispo ha nombrado un delegado episcopal, el presbítero diocesano Rubén Tejedor Montón.

Fue la entonces Abadesa de la Comunidad y hoy Venerable, Madre Clara Sánchez de la Concepción, quien vio la necesidad de tener expuesto permanentemente el Santísimo Sacramento en su comunidad de Hermanas pobres de Santa Clara. Desde el 11 de agosto de 1942, Jesús Eucaristía es adorado día y noche, permaneciendo la iglesia de Santo Domingo de Soria abierta desde las 7 h. hasta las 21 h. Son muchas las personas que en ese templo, ante la Eucaristía, encuentran paz y consuelo.

Aprovechando este 75º aniversario, “la comunidad de Clarisas deseamos extender y fomentar la adoración y el amor a Jesús Sacramentado, y atraer muchas almas hacia Él para que puedan gozar y enriquecerse de la gracia jubilar”, explican desde el Monasterio; “nosotras nos gozamos en los ideales que dejó Madre Clara, declarada Venerable el 3 de abril de 2014; ella vivió en este convento desde 1922 hasta 1973, año en que falleció repentinamente, y el Espíritu Santo infundió en ella un amor ardiente por Jesús Eucaristía y por volver a las fuentes del carisma clariano”.

En muchísima precariedad y pobreza, después de haber superado innumerables dificultades, Madre Clara recibió el permiso del Obispado para la exposición permanente del Santísimo. Aquel 11 de agosto de 1942 se inauguró la exposición permanente y desde entonces la Comunidad de Clarisas, los fieles sorianos y muchos visitantes de la ciudad que conocen y aman este solemne culto a la Eucaristía, “se acercan a nuestra iglesia de Santo Domingo para descansar en adoración a Jesús Sacramentado”.

Con la celebración de este Año Jubilar se pretende que los fieles de toda la Diócesis profundicen en la fe y busquen un mayor acercamiento a los sacramentos, especialmente al de la Reconciliación y a la Eucaristía. Además, durante el Año Jubilar se podrá ganar la indulgencia plenaria peregrinando a la iglesia de Santo Domingo de Soria, rezando allí ante Cristo Eucaristía, y cumpliendo las condiciones acostumbradas de confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice.

El Año Jubilar: lema y actos

“Aquí el Amor es amado” será el lema elegido para el Año Jubilar; es la frase que la Venerable Madre Clara pronunciaba ante el grito de San Francisco de Asís quien, dolido por la indiferencia de muchos, repetía frecuentemente: “¡El Amor no es amado!”.

En primer lugar el lema del Año Jubilar “Aquí el Amor es amado”. Es la frase que la Venerable Madre Clara Sánchez sentía en su corazón como respuesta al grito de San Francisco de Asís quien, dolido por la indiferencia de muchos hombres de su tiempo, repetía frecuentemente: “¡El Amor no es amado!”.

El segundo elemento es una custodia; en ella se expone a Jesús Eucaristía desde hace 75 años de forma ininterrumpida en el monasterio soriano. El Santísimo Sacramento es el centro de la vida de la comunidad, es “el Todo de esta casa”, y es el motivo por el que el Papa Francisco ha concedido el Año Jubilar que pretende, principalmente, que cada vez más sorianos se acerquen a Jesucristo, presente en la Eucaristía, y se enamoren de Él.

El pie de la custodia trae a la memoria al río Duero, junto al que se asienta la ciudad de Soria; recuerda cómo Jesús Eucaristía sacia la sed del corazón humano, sediento de verdad y de vida, y cómo “el agua que Yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para Vida eterna” (cfr. Jn 4, 5-42).

Junto a la custodia aparece la fachada del monasterio de Santo Domingo, sede de la comunidad de las Hermanas pobres de Santa Clara en Soria. En este convento las Hermanas viven escondidas con Cristo en Dios (cfr. Col 3, 3) y recuerdan, con su presencia, cómo la vida contemplativa consagrada a Dios en el silencio, en el anonimato, en la ausencia de motivaciones y recompensas o frutos materiales, y alimentada única y sustancialmente de la fe y la esperanza en el Amor de Dios, es un acto continuo de adoración, pues patentiza la supremacía de Dios, la total validez de su Amor como valor absoluto que plenifica, realiza y da la felicidad a la vida que se le entrega por completo.

Finalmente todo el conjunto viene rodeado por el cordón franciscano. San Francisco de Asís dio el último paso en su difícil conversión, que ya duraba varios años, al encontrar lo que Dios quería de él en la escucha del Evangelio. Fue un día de febrero de 1208 cuando, con unos 26 años, escuchó las palabras que Jesús les había dicho a sus discípulos cuando los mandó a predicar, en las que les decía que no necesitaban nada para el camino, “ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón…” (Mt 10, 10).