En las clarisas de Soria cada año entran una o dos jóvenes. ¿Cuál es su secreto?

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El Papa Francisco concede un año santo a las hermanas pobres de santa Clara de Soria con motivo del 75 aniversario de la adoración eucarística permanente.

El Monasterio de Santo Domingo de Soria, donde vive una comunidad de hermanas pobres de Santa Clara, se ha convertido en los últimos años en una referencia a nivel vocacional para la vida religiosa contemplativa. En una época en la que se tienen que cerrar conventos, en su comunidad entran cada año una o dos jóvenes. Ellas lo atribuyen a la acción de la venerable madre Clara y a uno de sus legados, la exposición permanente de la Eucaristía, que cumple 75 años el próximo 11 de agosto, festividad de santa Clara. Ese mismo día del año 1942 comenzó la adoración eucarística permanente, gracias al incansable empeño de la madre Clara, que repetía frecuentemente, como san Francisco: «¡El Amor no es amado!». No le fue fácil, pues sufrió persecución, incluso de gente de Iglesia. «Había sacerdotes que no lo entendían», cuenta a Alfa y Omega la madre abadesa actual, sor María Concepción Puente.

Hoy, 75 años después, el Papa Francisco les acaba de conceder un Año Jubilar. Quedará inaugurado el 11 de agosto, con la apertura de la Puerta Santa y la Eucaristía presidida por el obispo de Osma-Soria, Abilio Martínez Varea, que tuvo mucho que ver en que se otorgase este jubileo. «Al poco tiempo de llegar a la diócesis, en mi primera visita a las clarisas de Soria, me hablaron de la posibilidad de celebrar un año jubilar para el monasterio y para la comunidad. Inmediatamente hice la solicitud al Vaticano, acompañada de una carta personal en la que se explicaba el motivo del poco tiempo que mediaba entre la solicitud y la fecha de inicio del año jubilar. Poco después, recibí la respuesta afirmativa de la Penitenciaría Apostólica y, a partir de ahí, hemos comenzado a caminar», explica el prelado en entrevista con Alfa y Omega.

El objetivo principal de este acontecimiento –añade– es fortalecer la fe de las comunidades parroquiales, la devoción a la Eucaristía y que se valore la vida consagrada contemplativa, de manera especial la de las hermanas pobres de Santa Clara. «Este convento –continúa– es emblemático en nuestra diócesis por su vitalidad, el número de religiosas que forman la comunidad (54) y por tener la exposición permanente para que en cualquier momento se pueda ir a rezar ante el Señor».

Para monseñor Abilio Martínez, el año jubilar va a multiplicar este bien, pues ofrece una nueva oportunidad para la conversión personal y pastoral «dando a conocer que en este monasterio hay adoración perpetua de la Eucaristía y a la figura de la madre Clara, que tanto aportó a la vida y crecimiento de este monasterio».La iglesia permanece abierta desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche. Siempre hay religiosas adorando a Jesús Eucaristía, también cuando la ciudad duerme, pero nunca falta gente durante el día. «Hace mucho bien a las almas que por allí pasan. Y las cosas que no sabremos… Es un remanso de paz y de consuelo», explica la madre abadesa.

Para que los frutos lleguen al máximo número de fieles posible, el obispo acaba de nombrar a un delegado episcopal, el sacerdote Rubén Tejedor, de modo que apoye a las hermanas clarisas en todas las iniciativas que pongan en marcha: celebraciones litúrgicas, confesiones, peregrinaciones de dentro y fuera de la diócesis…

Durante el Año Jubilar se podrá ganar la indulgencia plenaria peregrinando a la iglesia de Santo Domingo, rezando allí ante Cristo Eucaristía, y cumpliendo las condiciones acostumbradas de confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice.

La madre Clara, ¿beata?

La figura clave en este monasterio soriano y en la devoción a la Eucaristía es la madre Clara, que vivió en el convento entre 1922 hasta su muerte en 1973. Declarada venerable el 3 de abril de 2014, su camino hacia los altares se encuentra en punto muerto tras el fallecimiento del vicepostulador, aunque será por poco tiempo, pues el obispo Abilio Martínez se ha comprometido a reabrir el proceso de milagro. «Tenemos gracias muy especiales», reconoce sor Concepción. «No sé que pensará desde el Cielo, pues era muy humilde», añade.

Las hermanas actuales están convencidas de que esta devoción por la Eucaristía es lo que ha permitido que se sigan suscitando vocaciones para su monasterio, pues, de un modo u otro, están relacionadas con ella. «La madre Clara también estaba muy preocupada por las vocaciones y se las confiaba a Jesús Sacramentado. Ponía al lado del sagrario 50 piedrecitas para que Dios suscitase tantas vocaciones. Ella vio durante su vida más de ese medio centenar», apunta la madre abadesa.

En la actualidad, un centenar de hermanas componen la comunidad, repartidas en cinco conventos: Soria (54), Valdemoro (14), Medinaceli (10), Zimbabwe (12) y Mozambique (6).