Museo San Francisco de La PAz, un visita para recomendar.

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Ubicado en la Plaza Mayor, este conjunto arquitectónico ocupa un lugar privilegiado en la ciudad y en el corazón de todos los habitantes de Bolivia. El complejo comprende la Basílica y el Convento de los franciscanos y su fachada es del llamado arte barroco andino, una mezcla de elementos europeos con motivos precolombinos.

A diferencia de otros templos, este tiene un solo campanario porque la estructura no aguantó el peso de otro y su estilo es neoclásico. La primera iglesia erigida en el lugar data de 1549, pero fue hecha de adobe y paja y una fuerte nevada ocurrida en 1608 la destruyó.

En 1753 se reconstruye con piedra y granito y con paredes y columnas de dos a tres metros de ancho que la mantienen de pie, a pesar del paso de los siglos. ‘Un dato curioso es que cada uno de los pequeños bloques con los cuales fue edificada tiene una inscripción o un diseño de la persona que lo fabricó. Muchos acontecimientos importantes de la historia están registrados en ese lugar.

Está allí, casi intacta, la habitación de Fray Fernando Villamil, quien participó en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1932-1935). Varios franciscanos fueron como capellanes al campo de batalla para curar a los enfermos y heridos en esa contienda bélica donde murieron 60 mil bolivianos y 30 mil paraguayos. En el museo se pueden apreciar fotos, prendas, medallas, relicarios, sillas, mesas y hasta una máquina de escribir utilizada por este religioso.

La sala contigua recrea cómo hacían el vino en el convento con uvas traídas de Luribay, un valle ubicado a 165 kilómetros de La Paz, que luego envasaban en grandes tinajones de barro y tapaban con cal. Y también está el alambique con el que destilaban el alcohol para hacer el pisco.

Cerca de allí se encuentra la habitación de Fray Juan de Dios Delgado quien -según testimonios- mantuvo en el convento una reunión con el líder de la Revolución paceña del 16 de julio de 1809, Pedro Domingo Murillo. Cuentan que cuando comenzó la sublevación, Fray Delgado llegó a lo alto de la basílica y tocó tan fuerte las campanas que una de ellas se rompió. Por eso le llaman la Campana de la Libertad. Tras el estallido revolucionario, los realistas enviaron tropas desde el virreinato del Perú y desde Argentina para reprimir a los sublevados, quienes se enfrentaron a cinco mil hombres de las tropas colonialistas en la batalla de Chacaltaya.

Murillo fue capturado y llevado a la horca el 29 de enero de 1810 y antes de morir pronunció las siguientes palabras: ‘Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar’. Cada 16 de julio los paceños recuerdan el grito libertario de 1809 con desfiles por la ciudad que comienzan con el encendido de la Antorcha de la Libertad. En la cripta de la iglesia están depositados los restos de Murillo y de otros participantes en esa gesta; así como los del héroe de la batalla de Calama contra la invasión chilena de 1879, Eduardo Abaroa. Otros recintos importantes del museo son la Sala de las Cruces, con representaciones de los siglos del XVI al XIX y las celdas de castigo o penitencia donde el religioso pasaba días y hasta años de manera voluntaria o por decisión de la orden.

Está también el Museo de Sitio con su Cristo Azul que parece flotar en el aire y la sala de Santa María de los Ángeles con numerosos cuadros de autores indígenas anónimos, excepto el de la virgen de Guadalupe, pintado por Gregorio Gamarra.

Declarada en 1948 como Basílica Menor, la iglesia tiene tres cuerpos, con una cúpula de media naranja, y la nave central se halla coronada con un escudo de la Orden Franciscana. La construcción duró 40 años y su retablo es famoso por la trama del tallado con la técnica de Pan de Oro, una lámina muy fina de ese metal precioso usada tradicionalmente para decorar diferentes objetos como esculturas, cuadros, orfebrería y mobiliarios.

En urnas de cristal están expuestas vestimentas litúrgicas bordadas en dorado, el copón donde se conservan las hostias y las coronas y joyas de oro y plata para las vírgenes.

Muy bien protegida hay allí una diminuta astilla de hueso de San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, que fue regalada por el Vaticano a los miembros de esa congregación.

http://museosanfranciscolapaz.com/

CENTRO CULTURAL MUSEO DE SAN FRANCISCO

En 2005 se decidió ofrecer a La Paz un espacio para revivir la historia de la ciudad, donde el paceño y el boliviano tomaran contacto con sus raíces culturales y pudieran valorar el arte indígena en todas sus facetas.

Es así como surge el Centro Cultural Museo San Francisco, explicó a Prensa Latina su director ejecutivo, José Luis Ríos. Independientemente de toda la colección permanente, la institución cuenta con unos 40 espacios expositivos donde se realizan eventos culturales de diversa índole. ‘Trabajamos con muchos artistas, desde los más renombrados hasta los jóvenes que no tienen como promocionar su arte’, dijo.

Este museo es uno de los pocos que tiene guías indígenas o de origen indígena que son políglotas y hablan inglés, francés o alemán, pero también los idiomas nativos como el aymara y el quechua. Recibe anualmente unas 100 mil personas y es el más visitado de La Paz y también el que mayor afluencia de turistas recibe en la Noche de los Museos.
Además, cuenta con su propia escuela de música y teatro, donde se enseña gratuitamente a niños de escasos recursos, sobre todo del área periférica.

Ríos considera que este es uno de los monumentos más bellos del barroco sudamericano, donde se ve la impronta del diseño de la cultura andina en un lenguaje permanente con la occidental.

Para el director, el yacimiento más rico que tiene Bolivia es su cultura. De norte a sur, de este a oeste tenemos una diversidad y una riqueza incalculables, afirmó.