La cruz de Tierra santa

La Cruz de Terra Santa, una cruz griega potentada de color rojo sobre fondo blanco rodeada de cuatro cruces más pequeñas, conocida también con el nombre de “Cruz de Jerusalén”, es el símbolo de la Custodia de Tierra Santa, y también el del Patriarcado de Jerusalén de los latinos..

Orígenes e historia

No se dispone de informaciones ciertas sobre los orígenes de este famoso símbolo. El signo, que muchos han asociado con el reino que fundaron los cruzados en 1099, en realidad aparece sobre monedas, sellos y banderas que nada tienen que ver con el mundo de los cruzados. Es verdad, sin embargo, que con los cruzados la Cruz de Jerusalén adquirió, además del espiritual, una significado político y de identidad territorial.

Lo más probable es que la Cruz de Jerusalén sea la evolución de una cruz griega con puntos, en el lugar donde están las cruces más pequeñas, usada por las primeras comunidades cristianas de Oriente Medio en la época romana, miles de años antes de las primeras cruzadas. De hecho, muchos de los antiguos objetos encontrados en distintas localidades de Tierra Santa nos hacen pensar en la Cruz de Jerusalén, incluidos algunos mosaicos en los que aparce exactamente igual a la actual. Este ha sido el motivo por el que los franciscanos de Tierra Santa la han adoptado.

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Muy probablemente, las cinco cruces representan las cinco llagas de la pasión de Jesús: las heridas en los pies, en las manos y en el costado. Las primeras cuatro provocadas por los clavos, la última por la lanzada de un soldado romano, como leemos en el evangelio de Juan: “Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua” (19,33-34).

El propio Resucitado presenta sus llagas al apóstol Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe” (Juan 20,27).

La devoción a la pasión del Señor y a las cinco llagas se desarrolló en la Edad Media, en particular gracias a san Francisco de Asís. Los estigmas recibidos por él corresponden a las cinco llagas e indican su plena configuración a Cristo.

Una invocación usada en el Via Crucis, que deriva del Stabat Mater del franciscano Jacopone da Todi, dice así: “Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón”. En la Edad Media había también una Misa votiva de las cinco llagas, que confluyó en la Misa de la Pasión con la reforma litúrgica de san Pío V. La devoción se difundió después con los Pasionistas, a través del rosario y la corona de las cinco llagas.