“Solo en Dios podemos ser salvados”: Mensaje del Ministro general durante su visita a Alepo

El 5 de abril de 2017, el Ministro general Fr. Michael A. Perry visitó la comunidad Cristiana de Alepo. Este es el mensaje que ha compartido con ellos:

En el trozo tomado del capítulo tercero del Libro del Profeta Daniel, encontramos uno de los más grandes testimonios de la fidelidad de Dios y de la fe de aquellos que ponen en él toda su confianza. Nabucodonosor, el rey tirano de Babilonia, realizó lo que también otros tiranos han realizado en la historia. Después de haber conquistado el reino de Israel y haber llevado al exilio a sus habitantes, les exigió postrarse ante la estatua que lo representaba. Se había hecho dios y exigía que todos lo adoraran. Este era el desafío abierto y directo a la verdadera fe del pueblo de la Alianza y la fe de los Israelitas en el único Dios verdadero. Sabemos demasiado bien que algunos, si no muchos, se postraron en adoración ante este falso dios para salvarse y proteger su propia familia y sus propias posesiones. Pero también hubo personas que, a pesar de la amenaza de muerte y destrucción, permanecieron fieles al Dios de la Alianza.

Su fidelidad es ejemplar – sobre todo el testimonio del valor de creer en las propias convicciones ofrecido por los tres jóvenes arrojados al horno ardiente.

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La fidelidad de Sadrac, Misac y Abdenego es superada solamente por la espléndida fidelidad de Dios para con estos tres valientes jóvenes. Desencadenando sus poderes destructores Mabucodonosor se encuentra frente a una fuerza mucho más grande de cuanto él pueda imaginar o pensar. El rey es sorprendido por Dios y no solo por el valor de los tres jóvenes arrojados  al fuego. Al asomarse al horno ardiente cuyas llamas habían sido aumentadas por encima de todo límite para desafiar el testimonio de fe de los tres jóvenes, Nabucodonosor queda enteramente desarmado. La fidelidad de Dios toca su corazón y lo fuerza a confesar: “Ningún otro dios puede liberar de manera semejante” (Dn 3, 96).

Aquí está en juego no solo o principalmente el testimonio de fidelidad a la Alianza de parte de los tres jóvenes sino sobre todo la sorprendente fidelidad de Dios que no abandona JAMÁS a su pueblo. Hay otras narraciones en el Libro del profeta Daniel donde asistimos a la defección de algunos creyentes. No todos permanecen fieles; ni todos son liberados de una muerte violenta y prematura.

Pero Dios siempre y en todas partes es fiel a su promesa de amor y misericordia.

El mensaje de Daniel no se orienta primeramente a la manera de sobre vivir en tiempos difíciles. El capítulo tercero del Libro de Daniel representa un as alto en primera línea a todo lo que pudiera tratar de desafiar o de destruir la centralidad y la soberanía de Dios en la vida del mundo. Nabucodonosor, como muchos otros gobernantes a lo largo de la historia, trató de ponerse por encima y más allá del reinado del verdadero dios. Pero al final, también este rey fracasó  en su intento de destruir la relación que Dios ha inscrito en el ADN de toda criatura viviente, o sea la llamada a amar y servir a Dios con toda la mente, con todo el corazón y con todas las fuerzas.

Retomando el testimonio de Sadrac, Misac y Abdenego, los reconocemos como hombres de increíble fe, esperanza y amor. Entregando su propia vida y su propio futuro en manos de Dios y no a Nabucodonosor, ¡dejaron que Dios actuase como él suele actuar! No pusieron condiciones al modo como Dios actuaría su liberación. En medio de la persecución, los perseguidos no tienen ninguna solución para proponer: simplemente se fían de Dios, sin condiciones y sin pretensiones.

Queridos hermanos y hermanas, también nosotros estamos llamados a vivir en la libertad de los hijos de Dios, como lo hicieron los tres jóvenes en el horno ardiente. Exactamente como nos recuerda también el trozo de hoy tomado del Evangelio según Juan: “si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad,  y la verdad los hará libres” (Jn 8,31-32). Solo por gracia de Dios podemos enfrentar la persecución, el terror, la destrucción y la amenaza de la muerte, la nuestra y la de nuestros seres queridos. Solo permaneciendo en el amor de Dios y en una profunda relación con Jesús, que está siempre presente en todos los momentos de nuestra vida y sobre todo en los momentos de mayor sufrimiento, podremos encontrar el valor de enfrentar al mundo con esperanza. Este mismo valor y esta misma esperanza nos permiten ponernos en comunicación con todos aquellos que están a nuestro alrededor: los hermanos y hermanas cristianos de todos los ritos, los Ortodoxos y los Musulmanes. Este valor y esta esperanza nos permiten darles una mano amiga, ayudarles y ofrecerles asistencia y compasión. De esta manera también nosotros daremos testimonio de la fidelidad de Dios que está siempre cercano a los que creen en Él se fían de Él.

Fr Michael in Aleppo