50 años de la Populorum Progressio

El pasado domingo 26.Marzo.2017 se cumplieron 50 años de la presentación al público de la Encíclica, o carta enviada a los obispos, del Papa Pablo VI: “El Desarrollo de los Pueblos”, o en su título en latín “Populorum Progressio”.

Pp se inscribe en un largo desarrollo histórico del pensamiento de la iglesia sobre el tema social, que comenzó con Rerum novarum (1891) del Papa León XIII. A pesar de que Benedicto XVI utiliza a Pp como fuente principal para su encíclica Caritas in veritate en el 40 aniversario de Pp y la califica como “la Rerum novarum para la era actual” y Juan  Pablo II -(autor de la importante Centesimus annus (1991)- igualmente la conmemora con su Sollicitudo rei socialis (1987)en su vigésimo aniversario, el documento promulgado el 26.03.1967 no es objeto de mayor difusión, interpretación y aplicación en el último medio siglo.

El inspirador principal de Pp

Quizás el principal inspirador de Pp fue el sacerdote Louis J. Lebret, creador del movimiento “Economie et Humanisme”, quien estuvo en Venezuela en varias ocasiones a fines de los 50s y comienzos de los 60s. La encíclica Pp cita un párrafo de su obra “Dinámica concreta del desarrollo” editado por el Fondo de Cultura Económica:

“Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”.

 El Documento.

Con un marcado tono profético, este texto del papa Montini consta de un preámbulo y de dos partes, con un total de 87 capítulos. Con esta encíclica, Pablo VI ponía el desarrollo de los pueblos como el nuevo nombre de la paz. Por eso, como ha dicho el P. Bernabé Dalmau, monje de Montserrat, con esta encíclica Pablo VI presentaba la necesidad “de una equidad en las relaciones comerciales y una caridad universal”, para de esta manera ayudar a los países más pobres.

Esta segunda encíclica de Pablo VI, en el contexto de proclamación de independencia de muchos países del Tercer Mundo, fue una carta social, donde el papa ponía la cuestión del desarrollo de los pueblos como el camino para alcanzar la paz.

El papa Montini pedía a los estados más avanzados y más ricos, una acción solidaria y un compromiso social con las naciones más pobres. Se trataba de tomar conciencia de las desigualdades sociales que existían, para así hacer posible un mundo más justo, que trajese un desarrollo integral a cada persona y a la humanidad. Por eso el papa pedía un cambio radical de las estructures socio-económicas y políticas que discriminaban a las personas y a los pueblos.

En el preámbulo de este texto, el papa Pablo VI recordaba las encíclicas de los papas León XIII, Pío XI y Juan XXIII sobre las cuestiones sociales a la luz del Evangelio.
En esta encíclica, el papa presentaba las legítimas aspiraciones de los hombres por lo que respecta a la subsistencia, a la salud o a un trabajo estable, para que así la humanidad estuviese “libre de la miseria” (6). El papa hablaba también de la colonización y del colonialismo (7) y del drama del desequilibrio entre las naciones, con la existencia de “pueblos ricos, con un crecimiento rápido” y pueblos pobres, que “se desarrollan lentamente”. El papa ponía de relieve la diferencia entre aquellos países que “producen alimentos en exceso”, “que faltan a otros” (8).

El papa destacaba también el importante trabajo de los misioneros en medio de los pueblos menos desarrollados, por su acción en “hospitales, escuelas y universidades”, ya que de esta manera ayudaban y protegían a las personas más desvalidas “contra la codicia de los extranjeros”. Un caso particular de cooperación con los pobres, que el papa subrayaba, era el del hermano Carlos de Foucauld y su “precioso diccionario de lengua tuareg” (12).

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El papa ponía énfasis en la relación que había entre crecimiento económico y progreso humano (25) y por eso condenaba el “liberalismo sin freno que conduce a la dictadura” y que ya fue denunciado por el papa Pío XI como “generador del imperialismo del dinero” (25). De aquí que Pablo VI defendiese una “economía al servicio del hombre”, al mismo tiempo que nos recordaba que “un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y de luchas fratricidas” (26).

El papa Pablo VI presentaba el trabajo como “bendecido por Dios” (27), a la vez que nos recordaba su ambivalencia, ya que “el trabajo, porqué promete dinero, invita a unos al egoísmo y a otros a la revuelta” (28). Por eso Pablo VI presentaba la necesidad de “reformas urgentes, transformaciones audaces y profundamente innovadoras” (32), que ayudasen a “liberar al hombre de la esclavitud” (34).

El papa también trató en esta encíclica social de la necesidad de una campaña de alfabetización (35), así como de la importancia de la familia (36) y de la demografía (37). De la misma manera defendía un “pluralismo legítimo” (39) así como la necesidad de una “promoción cultural” (40).

Otro punto importante de este texto fue el del desarrollo integral del hombre, que “no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad” (43). Por eso el papa Montini va hizo una llamada a la fraternidad entre los pueblos (44) y a la lucha contra el hambre (45), para que los países desarrollados ayudasen “a los países en vías de desarrollot” (48). El papa pedía la creación de un “Fondo Mundial, con una parte de los gastos militares” (51), para solucionar el problema del hambre, la miseria, la escasez de escuelas y de hospitales y de viviendas dignas (53).

El papa también denunció el nacionalismo no solidario (62) y el racismo (63) y pidió la creación “de un mundo solidario” (64), que incluyese el “deber de la hospitalidad” (67) y el respeto a los “trabajadores emigrantes” (69). El papa també pedía un “diálogo de civilizaciones”, que es “creador de fraternidad” (73) para acabar así con “las diferencias económicas, sociales y culturales entre los pueblos” (76), que no hacen sino provocar “tensiones y discordias y ponen en peligro la paz” (76). El papa apostaba por la esperanza “en un mundo mejor” (79) y hacía una llamada a los católicos (81), a los cristianos y a los creyentes (82), a los hombres de buena voluntad (83), a los gobernantes (84) y a los pensadores y a los sabios (85), para cambiar las estructures del momento y hacer posible un mundo más justo.

Como ha dicho el P. Bernabé Dalmau, “el deseo de una Iglesia pobre y para los pobres del papa Francisco, nace de la encíclica del papa Pablo VI”, un texto avanzado que, ahora hace 50 años, pedía la cooperación y la solidaridad entre los pueblos.


http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html

Discurso del Santo Padre:

Queridos hermanos y hermanas:

Gracias por la invitación y por el recibimiento.  Doy las  gracias por vuestra presencia y vuestras actividades de promoción humana y del bien común. Agradezco al cardenal Turkson sus palabras de saludo y el haber puesto en marcha, no sin esfuerzo, el nuevo Consejo Pontificio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Ha sido un modelo de camino, con paz, creatividad, consultas; realmente un modelo de construcción eclesial: gracias, Eminencia.

Están reunido en  este Congreso Internacional porque el nacimiento del nuevo dicasterio coincide de manera significativa con el 50 aniversario de la Encíclica Populorum Progressio del beato Pablo VI. Fue él quien precisó en detalle en aquella encíclica el significado de “desarrollo integral” (cf. n. 21), y fue él quien propuso aquella  fórmula sintética y afortunada: “de todo hombre y de todo el hombre” (n 14 ).

¿Qué significa hoy y en el futuro próximo, desarrollo integral, es decir, el desarrollo de cada hombre y de todo el hombre? Siguiendo la estela de Pablo VI, tal vez en el verbo integrar –tan querido  por mí– podemos individuar una orientación fundamental para el nuevo dicasterio. Veamos algunos aspectos.

Se trata de integrar los diferentes pueblos de la tierra. El deber de solidaridad nos obliga a buscar las maneras justas de reparto equitativo, para que no haya esa dramática desigualdad entre los que tienen mucho y los que nada tienen, entre el que descarta y el que es descartado. Sólo el camino de la integración entre los pueblos hace posible para la humanidad un futuro de paz y esperanza.

Se trata de ofrecer modelos viables de integración social. Todos tienen que dar una contribución a la sociedad en su conjunto,  todos tienen una característica que puede servir para vivir juntos, nadie está excluido de aportar algo por el bien de todos. Esto es a la vez un derecho y un deber.  Es el principio de subsidiariedad el que garantiza la necesidad de la aportación de todos,  sea como individuos que como grupos, si queremos crear una convivencia humana abierta a todos.

Se trata, además, de integrar en el desarrollo todos aquellos elementos que  realmente  hacen que sea así . Los diferentes sistemas: la economía, las finanzas, el trabajo, la cultura, la vida familiar, la religión son, cada uno en su especificidad, un momento irrenunciable de este crecimiento. Ninguno de ellos puede ser absoluto y ninguno de ellos puede ser excluido de un concepto de desarrollo humano integral, es decir,  que tenga en cuenta que la vida humana es como una orquesta que suena bien, si los diferentes instrumentos se armonizan  y siguen una partitura compartida por todos .

Se trata, también, de integrar la  dimensión individual y la  comunitaria. Es innegable que somos hijos de una cultura, al menos en el mundo occidental, que ha exaltado al individuo hasta convertirlo en una isla, como si se pudiera ser felices solos. Por otro lado, no faltan puntos de vista ideológicos y poderes políticos que han aplastado a la persona, la han masificado y privado de esa  libertad sin la cual el hombre ya no se siente hombre. En esta masificación están también  interesados poderes económicos  que quieren explotar la globalización, en lugar de fomentar un mayor intercambio entre los hombres, simplemente para imponer un mercado global del  que ellos mismos dictan las reglas y cosechan los beneficios. El “yo” y la comunidad no compiten entre sí, pero el “yo” puede madurar sólo en presencia de relaciones interpersonales auténticas y la comunidad es generadora cuando lo son todos y cada uno de sus componentes. Esto se aplica todavía más a  la familia, que es la primera célula de la sociedad y donde se aprende a vivir juntos.

Se trata, por último, de integrar  cuerpo y  alma. Ya Pablo VI escribió que el desarrollo no se reduce a un mero crecimiento económico (cf. n. 14); el desarrollo no consiste en tener cada vez  más bienes a disposición  para un bienestar puramente material. Integrar  cuerpo y alma también significa que ninguna obra  de desarrollo puede lograr su objetivo si no respeta el lugar donde Dios está presente para nosotros y  habla a nuestros corazones.

Dios se ha dado a conocer plenamente en Jesucristo: en Él, Dios y  hombre no están ni divididos ni separados. Dios se hizo hombre para hacer de la vida humana,  tanto personal como social, un camino concreto de salvación. Así,  la manifestación de Dios en Cristo –incluyendo sus gestos de curación, de liberación y de reconciliación que hoy estamos llamados a proponer de nuevo a los muchos heridos al borde del camino– indica la senda y la manera del servicio que la Iglesia quiere ofrecer al mundo: a su luz, se puede entender lo que significa un desarrollo “integral”, que no sea contrario ni a Dios ni al hombre, porque asume la entera consistencia de ambos.

En este sentido, el concepto de persona, nacido y madurado en el cristianismo, contribuye a perseguir un desarrollo plenamente humano. Porque persona siempre dice relación, no individualismo, afirma la  inclusión y no la exclusión, la dignidad única e inviolable y no la explotación, la libertad y no la coacción.

La Iglesia no se cansa de ofrecer esta sabiduría, y su obra al mundo, consciente de que el desarrollo integral es el camino del bien que la familia humana está llamada a recorrer. Los invito a seguir adelante con esta acción, con paciencia y constancia, confiados en que el Señor les acompaña. ¡Que El los bendiga y la Virgen los proteja! Gracias.