Nuevo documento del Vaticano para la formación de sacerdotes.

La Santa Sede ha publicado en diciembre el documento que marcará la formación de los sacerdotes. Es la Ratio fundamentalis, el documento guía que marca el devenir de los seminarios durante las próximas décadas y que señala un nuevo hito dentro del pontificado de Francisco. De hecho, el espíritu del texto recoge la impronta del Bergoglio formador, preocupado por los futuros jesuitas que le encomendaban cuando estaba en el Colegio Máximo de San Miguel en Argentina.

Uno de los pilares de esta reforma pasa por dotar a los seminaristas de recursos vivenciales para que estén firmemente integrados en el mundo y en la sociedad en la que se mueven: han de verse como servidores del prójimo, y no entender la parroquia como un centro de culto ajeno al entorno. La reforma plantea, por ello, un itinerario que va más allá de lo académico para apostar por una formación integral, que abarque las dimensiones humana, comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral.

“Ya casi no llegan muchachos desde los seminarios menores. El porcentaje es muy pequeño. La mayoría de los seminaristas son jóvenes más maduros que han tenido experiencias vitales anteriores”, cuenta Concetto Occhipinti, rector del Pontificio Seminario Romano, que, con sus 60 residentes, es uno de los mayores de la Ciudad Eterna. Son personas con un mayor bagaje a sus espaldas que en el pasado, lo que tiene efectos positivos y negativos.

“Las llamadas vocaciones tardías tienen la ventaja de que son más maduras, pero también conllevan experiencias morales que a veces resultan difíciles y exigen un proceso de conversión”, opina, por su parte, Eduardo Baura, director del Centro de Formación Sacerdotal en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

“La Pastores Dabo Vobis es un documento valioso y ha permitido amplios márgenes de actuación, pero está claro que las circunstancias han cambiado casi 25 años después de su publicación”, afirma Afrodisio Hernández, director espiritual en el seminario diocesano de Coria-Cáceres. (…)

En su análisis de los retos que plantea la sociedad actual a los seminarios, un buen conocedor de la Ratio fundamentalis presenta algunos hitos que deberían cumplirse.

◼ El primero es la necesidad de que haya una primacía del encuentro con Dios a través de la oración, tanto individual como comunitaria.

◼ Subraya luego lo imperioso que resulta que el acompañamiento sea de calidad, pues los aspirantes precisan de un formador que se dedique verdaderamente a ellos, y reconoce que en ocasiones se ha actuado con un cierto abandono.

◼ Otros aspectos significativos son la conexión con la realidad social, para evitar así las “islas” en que jamás debe convertirse un sacerdote o un religioso, como dice el Papa…

◼ … o el valor de la vida comunitaria, para que sea verdaderamente rica y fraterna. A este respecto, es posible que llegue, con el nuevo documento, un llamamiento a favor de los seminarios interdiocesanos en aquellos lugares donde hay escasez de vocaciones. (…)

1. Las diferencias con el texto de 1985 y acentos del nuevo documento

Mons. Patrón Wong explica que “la Iglesia es una institución antiquísima”, por lo que “en la formación de sus ministros existe la continuidad y la novedad”.

“Los documentos que rigen la formación ponen algunos acentos, intentando responder a la realidad actual y tratando de incorporar algunas experiencias positivas de la formación y las conclusiones de las ciencias humanas”, señala.

Para el Prelado, “una primera diferencia es que se subraya aún más la formación integral. Se trata de formar a todo el hombre, de modo que los seminaristas puedan conseguir una maduración equilibrada en diversos aspectos de su vida y de su futuro ministerio, partiendo siempre de la formación de la persona, es decir, del corazón, de lo profundo, de la interioridad”.

Además, indica, esta normativa “pone un acento particular sobre el discernimiento vocacional, recomendando que se haga continuamente durante el proceso formativo, de modo que los seminaristas lleguen a la ordenación sacerdotal más libres y más capaces de hacer, a su vez, un verdadero discernimiento pastoral”.

“También se pone atención al acompañamiento, haciendo ver la necesidad de que a lo largo del proceso formativo se cultiven profundas relaciones de confianza y transparencia entre los formadores y los seminaristas, para que efectivamente los puedan ayudar”.

Adicionalmente, este documento “hace ver la importancia de la comunidad educativa del Seminario. La formación se realiza siempre en el ámbito de la comunidad cristiana y, en el caso del Seminario, de una comunidad educativa constituida por todas las personas que colaboran en ella: sacerdotes formadores, profesores, empleados, personal administrativo”.

2. Proceso de formación para los candidatos al sacerdocio

Mons. Patrón Wong destaca que esta nueva normativa “insiste mucho en el concepto clásico de la gradualidad. Esto significa que los valores de la vocación sacerdotal se aprenden poco a poco, en un proceso de maduración que lleva un tiempo largo”.

“Se trata de formar a un hombre, que debe tener bien cimentada su identidad cristiana, para después facilitar la configuración con Cristo Siervo, Pastor, Sacerdote y Cabeza. Todo un proceso complejo que exige una cuidadosa formación”, precisa.

En este proceso de formación, indica, “se proponen cuatro etapas, que ya se ponían en práctica en la mayor parte de los Seminarios: la etapa propedéutica o introductoria, la etapa discipular o filosófica, la etapa configurativa o teológica y la etapa de pastoral o de síntesis vocacional”.

3. Inculturación

El Secretario para los Seminarios destaca que “a lo largo de su historia, la Iglesia se ha hecho parte de muy diversas culturas: nació hebrea, se hizo griega y latina; y luego, balcánica, polaca, hispana, gálica; y más adelante africana, asiática, americana”.

Para la Iglesia, explica, “la inculturación es una regla de vida. Jamás destruye las culturas, sino que intenta que en cada una de ellas se haga presente la persona de Jesús y se encarne el mensaje del Evangelio”.

“La Iglesia toma con mucha seriedad las distintas culturas y aún más cuando son poco respetadas. Por eso valora las vocaciones indígenas y procura ofrecerles una formación adecuada. Además, porque las personas que hablan las lenguas indígenas son cristianos y tienen derecho a pastores que evangelicen su cultura”, subraya.

4. Los Seminarios Menores

Para Mons. Patrón Wong, “el Seminario Menor es una hermosa institución”, pues “ofrece a los adolescentes una formación juvenil humana y cristiana”.

“Pablo VI decía que eran lugares de trabajo, de oración y de familia, semejantes a la familia de Nazaret. Muchísimos adolescentes necesitarían una experiencia similar para conseguir una maduración integral”.

El Prelado precisa que “el Seminario Menor no es una casa de formación presbiteral. Más bien prepara a los adolescentes para que, llegado el momento, puedan tener la experiencia vocacional suficiente para que, si Dios quiere, puedan elegir la vida sacerdotal. Se trata de una formación previa, o remota”.

Esta formación, añade, “también se encuentra, en alguna medida, en la pastoral juvenil, los colegios católicos, los grupos juveniles y los movimientos eclesiales”, pues “la Iglesia está presente de muchas maneras entre los adolescentes, para ayudarles en su crecimiento humano, espiritual, intelectual y apostólico”.

Puede leer el texto completo de “El Don de la vocación presbiteral. Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis” AQUÍ.

http://www.clerus.va/content/dam/clerus/Ratio%20Fundamentalis/El%20Don%20de%20la%20vocaci%C3%B3n%20presbiteral.pdf