La Cuaresma como tiempo de volver a casa

“La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios ‘de todo corazón’ (Jl 2, 12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar”. Desde esta clave, ofrezcamos sin reparo el sacramento del perdón. “Toda la vida es un viaje de retorno a casa”. Con esta frase comienza la película Patch Adams (1998), con Robin Williams montado en un autobús. Recomiendo verla porque concentra valores e ideas que iluminan esta idea de camino cuaresmal: aprender a ver lo que otros no quieren ver, contemplar el sufrimiento de los demás, aprender a dar alegría en medio de la desesperanza, asumir con responsabilidad la vida del otro como don, crear espacios de encuentro… Incluso la muerte y el desprecio como posibilidad del resistente, del confiado, del luchador…, que afronta las contradicciones de esa hipocresía social que levanta muros y cierra fronteras. El día de san Francisco de Sales de este año, hablando de esta clase de personas tan necesarias, Francisco decía: “A través de muchos ‘canales’ vivientes, a través de las personas que se dejan conducir por la Buena Nueva en medio del drama de la historia, son como faros en la oscuridad de este mundo, que iluminan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza”. Son los santos y santas sin altar que caminan aún hoy mientras hacemos deporte, compramos ropa, tomamos café o vamos al banco.

patch-adams-5334-e11Ser canal y volver a casa, a las fuentes, cada día hace de nosotros faros de confianza. Ayudemos a los jóvenes a que cada día identifiquen en el anonimato de los pequeños detalles a las personas “canales” y “faros”. Concluir el día dando gracias y pidiendo perdón es la oración que parte de la vida y vuelve como fruto del día al Padre. La gracia del sacramento del perdón robustece el caminar.

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