La huella franciscana en Betanzos.

Art. de El Correo Gallego. 2014

Asentada en una pendiente que mira al  río Mandeo se localiza  parte de ese Betanzos medieval, amurallado, en el que se asentarán los franciscanos. Una vez más es en un lugar que tiene que ver con la costa el buscado para hacer su fundación, en aquel tiempo en que este núcleo urbano tiene, a través de ese cauce fluvial, una mayor relación con el mar. En este caso su enclave se implanta dentro de murallas, de tal forma que su fábrica será prácticamente colindante con la de la iglesia parroquial de Santa María do Azogue, obra que es de cronología cercana a la de esta franciscana.

1560551LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO

El P. Atanasio López alude a un documento, ya perdido, que señala la fundación del convento en 1289. En cualquier caso lo que hoy se conoce habrá de relacionarse directamente con Fernán Pérez de Andrade, o Bóo, con cuyo patrocinio se rematan las obras de su iglesia en 1387; dicho caballero falleció diez años después.

La iglesia tiene planta de cruz latina – con tres capillas en su cabecera,  siendo la central de carácter poligonal-  y una nave que cuenta con seis tramos; los dos extremos del crucero se alargan con la construcción, en cada lado, de una capilla. La fachada occidental presenta, en el correspondiente tímpano, el tema de la Epifanía;  si los reyes se presentan a la derecha de la Virgen,  al otro lado se nos muestra la estigmatización de San Francisco. También hay una puerta en la parte sur que, en este caso, muestra, a cada lado, una figura relativa al grupo de la Anunciación; aquí la figura del Arcángel tiene su hábito ceñido con el cordón franciscano. Pues bien, es toda  ésta parte del conjunto la que cabe considerar realizada en el último cuarto del siglo XIV,  atendiendo, en lo escultórico, a fórmulas evocadoras del arte del Maestro Mateo.

Fernán Pérez de Andrade quiso, al construirse este templo en su configuración originaria,   que fuese el lugar en el que reposase tanto su cuerpo como el de la que fue su esposa, Sancha Rodríguez. El hecho de que optase por la ubicación de ambas tumbas en el presbiterio le otorgó a éste la condición de capilla funeraria y,  al ser el espacio principal del templo, en cierto modo, se vinculó, todo él,   a tal personaje y a su familia. Sancha  ocuparía, de tal modo, en ese recinto privilegiado, el lado de la epístola y Fernán, el del evangelio.

El sarcófago de Pérez de Andrade se hace aún en vida de este personaje,  que señala su voluntad en su testamento: “mando enterrar meu Corpo ena Yglla de S. Francisco de Betanzos dentro ena capela mayor de dita Yglla que eu y fiz facer. Et mando que ponan y enterren mias carnes debaixo de moimento que y estta feyto acaron da terra sen algua outra ataude”; es decir, su pretensión estriba en monumentalizar la memoria de su persona y, con ella, la de su familia, al tiempo que busca para su cuerpo la verdad de la tierra,  para confundirse con ella.

1561221El monumento funerario de Fernán Pérez de Andrade se distancia del suelo al disponerse sobre un oso y un jabalí, animales con los que este personaje identifica propiedades y obras realizadas. La yacija propiamente dicha ensambla escenas de caza con sus escudos; se sigue, así, una forma también presente en obras portuguesas, de un tiempo ligeramente anterior, a las que se ha procurado buscar un simbolismo concreto pero que, en todo caso, han de vincularse con un modo de vida y que Yarza Luaces ha entendido como “… un camino que conduce a lo maravilloso desde lo real”. De ese caminante, que no es otro que el aquí evocado, se muestran sus armas en los frentes menores del sarcófago; no es cuestión menor que, en el escudo que está en la parte de la cabeza,  aparezcan como figuras tenantes la Virgen y el Arcángel alusivos al tema de la Anunciación, tan querida por este personaje y que se presentan con hábitos franciscanos.

Completa el tema, en la parte superior, la representación yacente de Fernán Pérez de Andrade. Se incide en su condición de caballero,  a la que había llegado,  siendo reconocido, previamente, como escudero. Llama la atención la presencia del sello de Salomón en la empuñadura de la espada – con posible sentido astrológico- y que, también, se muestren asociados el puñal, del tipo de los denominados “de misericordia”,  y el cordón franciscano.  Toda la decoración que lo entorna cabe relacionarla, además,  con el ceremonial propio  de los funerales.

Por lo que respecta a la tumba de Sancha Rodríguez – con la que se han identificado algunas piezas existentes en el Museo das Mariñas- se le otorgado, igualmente, una importancia relevante, y de referencia,  en el caso de las propias de las mujeres nobles de la época. También parece significativo el hecho de que elija para ser enterrada a su lado a quien fue su mujer, ya fallecida, Sancha Rodríguez, y no a la que comparte con él sus últimos años, Constanza de Moscoso,  quien buscará para su enterramiento, otro ciudad – en este Compostela-  y un espacio sacro vinculado, en su caso, a dominicos de Bonaval.

El que, con el paso de las sucesivas generaciones, vayan enterrándose en San Francisco de Betanzos, como ha subrayado Alfredo Erias, miembros tanto de la familia de Andrade como de la que fue su esposa Sancha,  que pertenecía a la  de los Pardo, vincula al templo con un determinado contexto social, a tener en cuenta. Así pues, esa capilla mayor  ha de entenderse, desde esa clave funeraria,  como un conjunto del que forma parte no solo la decoración  escultórica de la capilla en su conjunto, presidido por la imagen Cristo Juez mostrando las llagas y el tetramorfos,  sino también la del propio acceso a la misma, concretamente los relieves existentes sobre el arco de ingreso a la capilla mayor, en donde puede verse a San Miguel, en el tema del peso de las almas,  con el mecenas del templo, Fernán Pérez de Andrade y, a la izquierda, el seno de Abraham…

Ya a finales del siglo XV se construye una capilla, al lado del crucero, en la parte del evangelio. La siguiente obra a realizar consistió en levantar, a los pies del templo,  en 1501, un coro alto sobre tres arcos de medio punto y, también, ya avanzando el siglo XVI, se añade una nueva capilla, con bóveda estrellada de cinco claves, ahora al lado de la epístola; en su parte superior se hace alusión, también, a la Anunciación, por medio de tres relieves: el Padre, en el Centro;  y la Virgen y el Arcángel, en medallones laterales. A cada lado de la puerta sur se construirían,  posteriormente, también, una capilla; ambas fueron destruidas por 1916; una de ellas pertenecía a la Orden Tercera y la otra tenía a la Vera Cruz como advocación.

A principios del siglo XVIII, se nos dice, al hablar de esta iglesia,  que  “Ay en ella Capillas, y sepulcros de nobilísimas Familias, como son de las Casas de Figueroa, Mazeda, Mezquita, Bañobre, y otras de las muchas Nobles, que ay en por este País y Comarca”. Ello da cuenta de cómo, con el paso del tiempo, este templo engrandeció su carácter de ilustre panteón en el que han de valorarse tumbas que van dando cuenta de cómo en los tiempos siguientes fueron a parar aquí figuras insignes; es el caso de Gonzalo Pérez de Vilousas, fallecido en 1402; Ares Pardo das Mariñas, hacia 1430-1440; Francisco López de Vilousas, 1440; el regidor Jácome Mouro Reimondez, siglo XV; el regidor Fernán Reimóndez, del siglo XVI…

Ya a finales del siglo XVIII el escultor José Ferreiro se encarga de la imaginería  de su retablo mayor,  que se perdió en un incendio acaecido en 1936; contaba con un fabuloso remate que mostraba a San Francisco ascendiendo al cielo en una carroza tirada por caballos conducidos por un ángel; ha de relacionarse esta escena con la visión de los Tronos, relacionada con un  éxtasis de Fray Pacífico;  ello justifica la presencia, orante, a cada lado, de un franciscano que contempla tan sobrenatural asunto; el rosetón que centra la parte media del presbiterio, en lo alto, le otorgaba una luz de transparente, precisamente, a tan singular asunto. Fue al levantarse este retablo cuando se retiraron del presbiterio los sepulcros de Fernán Pérez de Andrade y de su mujer doña Sancha.

LOS FRANCISCANOS VUELVEN
Es en 1914 cuando el prelado compostelano, Martín de Herrera, entrega, de nuevo, a los franciscanos, su antigua iglesia. Se encuentran con un convento derruido y en 1936 sufren el citado incendio. Ya en 1939 un bienhechor,  Juan Jesús García de Iribarne, es merecedor de un homenaje, por su apoyo a la entonces necesaria labor rehabilitadora, acometida por  los arquitectos Juan Argenti y Luis Menéndez Pidal.

En los sesenta Pons- Sorolla hará una nueva intervención en esta iglesia, siendo su pretensión  “descubrir estructuras ocultas, repararlas y devolver a la Iglesia su dignidad inicial”. Se  consolidan las paredes del presbiterio y  Manuel Chamoso Lamas lleva adelante una serie de exploraciones arqueológicas. También se restauran, por  entonces,  los ventanales tapiados; así vuelve a haber en ellas vidrieras, en las que, entre otros temas, pueden verse, entre otros, a  San Francisco y la  visión de la Porciúncula y santos propios de la orden,  como San Buenaventura, San Antonio, San Bernardino de Sena… Además se nos muestran, a través de vitrales, a Cristo y la Magdalena. Es ahora, igualmente,  cuando,  se hace la mesa de granito y las correspondientes peanas para el sagrario y la imagen del fundador. También se ubica aquí, por entonces,  una talla del Crucificado.

Destaca, entre la imaginería aquí conservada, el Ecce Homo y  la Dolorosa – ambas a vincular con la Orden Tercera- y,  también, una representación de la Piedad, a relacionar con la antigua capilla de la Quinta Angustia, fundada hacia 1540. Además,  una de las dos imágenes de la Inmaculada, devoción con la que ha de vincularse la cofradía de la Concepción, que fue, con la Orden Tercera, fundamental en el mantenimiento del este templo en los setenta y nueve años de forzada ausencia de los franciscanos.

También las cofradías de San Antonio de Padua, de la Veracruz, de San Juan Bautista y, posiblemente, de San Miguel tuvieron su sede en esta iglesia, lo que implica la vinculación  de este templo con una parte sustancial de esta población.

Tras la vuelta de los franciscanos, en los años siguientes, se levantará el actual convento en la parte sur de la iglesia; se inaugura en 1919 en el que prima la calidad de su cantería sirviendo a unas austeras formas evocadoras del gótico y de la que forma parte el campanario, a los pies de la iglesia. Aquí permanecerán hasta 1992. Ahora es una comunidad de Franciscanas Misioneras de María la que vive en este lugar.

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Más Historia:   http://anuariobrigantino.betanzos.net/Ab2010PDF/2010%20121_144%20LEZA.pdf