Premio Corazón Amigo para los franciscanos de Tierra Santa

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Le llaman “el Nobel de los misioneros”: es el Premio Corazón Amigo que entrega cada año la ONG católica italiana Cuore Amico (www.cuoreamico.org)para apoyar distintos proyectos o realidades misioneras.

Este año las entidades premiadas han sido la Misioneras de la Caridad (la congregación fundada por Santa Teresa de Calcuta, popularmente llamadas “las calcutas”), la Custodia de los franciscanos en Tierra Santa (es.custodia.org), y el proyecto con presos peruanos de Enrico Rigosa de la Operación Mato Grosso

Cada uno de los premiados recibe 50.000 euros para apoyar sus actividades misioneras.La entrega de premios de la XXVI edición tuvo lugar el 22 de octubre en la sede de los padres javerianos en Brescia (Italia).

Flavio Dalla Vecchia, presidente de la Asociación Cuore Amico explicó que el premio busca apoyar y sensibilizar sobre la actividad misionera de la Iglesia, “de forma que el trabajo de los misioneros se perciba no como trabajo de avanzadilla sino como la expresión de la responsabilidad que toda la Iglesia asume de vivir la dimensión misionera”. La asociación ha cumplido diez años, pero el Premio existe desde 1990.

Misericordia y trabajo por la paz
Al recoger el galardón el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, comentó dos ámbitos en los que trabajan los franciscanos allí: el compromiso con las obras de misericordia a través de la ayuda a las poblaciones afectadas por la guerra, y el compromiso con las escuelas como modo concreto y a largo plazo para construir la paz. Detalló que el dinero del premio se destinará a las víctimas de la guerra de Siria en Alepo.

Las Misioneras de la Caridad, al recoger el premio, explicaron que lo destinarán sobre todoa sus servicios con pobres de países de África Central. 

Enrico Rigosa, laico perteneciente a la Operación Mato Grosso, utilizará los fondos para atender mejor a los muchos presos, y a sus parientes pobres, de las seis cárceles(masculinas, femeninas y de menores) que visita y atiende en Lima, en Perú.

Enrico llegó a Perú con su esposa Elena y su hijita Chiara en 1990, a las misiones de San Luis de los Andes, a 3.000 metros de altura. Allí nacieron sus otras dos hijas, Maria y Giulia. Desde 1999 se centra en el trabajo con jóvenes de las parroquias, en la educación y en las visitas a cárceles de Lima.