Entrevista de Enrique Beotas a Fr. José R. Carballo

El apsado viernes 21 de Octubre de 2016, participando de un encuentro homenaje al periodista Enrique Beotas, fallecido hace dos años, Fr. José R.Carballo presentó un libro en presencia del presidente de la Xunta, Feijoo, y otras personalidades.

con ocasión de este evento reproducimos en la web la última entrevista del periodista E.Beotas a Fr. José R. Carballo.

ABC. Día 19/05/2013.

“Ayer fue día grande en Lodoselo, la pequeña aldea ourensana que vio llegar al mundo hace sesenta años a Fray José Rodriguez Carballo, el 119 sucesor de San Francisco de Asís, el hermano mayor de los frailes menores. En la Catedral Compostelana, el Cardenal Tarsicio Bertone consagró obispo a este fraile sencillo, que emitió su Profesión Solemne en 1976 en la Basílica de La Anunciación de Nazaret, de manos de Fray Justo Artaraz, Guardián de la Fraternidad. Santiago acoge a los peregrinos llegados desde las 113 naciones del mundo por las que se encuentran repartidos más de 15.000 franciscanos de los que este gallego, ejemplo de sencillez y fe, es su Ministro General y, desde el pasado abril, por decisión del Papa Francisco, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y Arzobispo Titular de Belcastro.

«El Señor se sirve de mediaciones para llamarnos. En mi caso se sirvió de la educación cristiana que me dieron mis padres, quienes siempre me acompañaron en el discernimiento vocacional respetando plenamente mis decisiones. También se sirvió de un fraile de mi pueblo, amigo de la familia, que aún vive. Me gustaba su estilo sencillo y cercano. Un buen día vino a la escuela otro fraile, que también vive, y me ofreció ser franciscano. Dije que sí y, tras superar la dificultad de que solo tenía 10 años y medio, pude entrar en el Colegio Seráfico de Herbón. Y aquí estoy, feliz de ser franciscano y sacerdote».

-Mientras se nos informaba del primer Papa jesuita de la historia, él tomó la advocación de san Francisco: ¿Entenderán todos el «NO» propio?

-No sé si todos, pero sí estoy seguro de que lo entiende el Papa que ha querido llamarse Francisco, en referencia a san Francisco de Asís, como él mismo se encargó de explicar.

-Me dicen que lloró ante él…

-No ante él, sino viendo por televisión como abrazaba a los enfermos en la Plaza de san Pedro. Entonces pensé: Jesús se hace presente en la Plaza, Francisco de Asís abraza de nuevo a los «leprosos» de nuestro tiempo.

-¿Cómo es el Papa?

-Una persona sencilla, encantadora y profunda, que va a lo esencial. Es un pastor que, por utilizar una expresión suya, «huele a oveja». Uno se siente siempre a gusto conversando con él, esa fue mi reciente experiencia en la audiencia que me concedió a los dos días de mi nombramiento, y que confirma lo vivido desde que en 2004 nos conocimos.

-¿Cristo, San Francisco y el Papa son sus referencias?

-Cristo da sentido y orienta mi vida y mi trabajo. No es un personaje del pasado al que admirar, es una persona muy actual y presente. San Francisco de Asís es la mediación para ser discípulo de Jesús. Padre, hermano, maestro y compañero de viaje, me enseña el camino para seguir a Cristo. El Papa Francisco es el enviado por el Señor para «renovar» en profundidad la Iglesia. Es el Papa que necesitamos, el gran don que el Señor nos ofrece en estos tiempos.

-¿Debería demostrar liderazgo?

-El liderazgo que hoy se necesita, particularmente en la Iglesia (aunque no solo) es el del servicio, la escucha y la cercanía a los que más sufren.

-¿Los movimientos eclesiales han sustituido a las órdenes religiosas?

-En la Iglesia hay lugar para todos los carismas. Aunque tengan siglos de historia, son siempre actuales, pues provienen del Espíritu que no se repite nunca. No hay contradicción ni sustitución, hay complementariedad.

-¿Podrá aprenderse los nombres de todas las Congregaciones e Institutos religiosos?

-Se dice bromeando que ni el Espíritu Santo sabe cuantas congregaciones femeninas hay. Mucho menos lo sabré yo. Lo importante es atender a cada hermano y hermana que lo necesite.

-¿Imagina una Iglesia sin religiosos y religiosas?

-Sería una iglesia sin corazón o sin uno de sus pulmones. La Iglesia necesita de la vida religiosa, como la vida religiosa necesita de la Iglesia.

-Conocí al arzobispo titular de Belcastro hace cinco años, en el Palacio de Santa Marta, austera residencia del Papa Francisco. Compartimos con Monseñor Froján tres horas de clarificadora conversación y una emina de vino. Ya por entonces, Fray José mostraba su inquietud ante la soberbia y el materialismo que asolaban a Occidente. En la antevíspera de su consagración, me recibe en el convento compostelano de San Francisco, del que fue Guardián y Rector. Enseguida me percato de que sus inquietudes de entonces están más vivas aún si cabe… Le pregunto por la deslealtad en el Vaticano y por la corrupción

-Por desgracia nos estamos acostumbrando a la corrupción que está llegando a todas partes. Como afirmas, las deslealtades también llegaron al Vaticano. Nada nos debe extrañar, pues ya en el grupo de los primeros discípulos hubo traiciones y deslealtades. Lo que no podemos es acostumbrarnos a esa «cultura» destructiva por naturaleza. La lealtad es un valor al que no podemos renunciar, si no queremos perder nuestra condición de seres humanos. Sin lealtad no puede haber presente ni futuro, porque no habrá relaciones auténticas. Debemos recuperar el sentido de la dignidad de la persona que se define por la capacidad de ser agradecido y leal.

-Desde el 78 en que ingresó en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma ha venido observando a la Curia. Lo ha hecho en la Ciudad Eterna y desde otros muy diferentes lugares del mundo. ¿Cómo la ve ahora?

-Necesitada de una renovación profunda para ser mayormente «epifanía» de Jesús, el único Señor.

-Por qué renunció Benedicto XVI?

-Ignoro las razones profundas que, además de la salud, y si es que las hay, le llevaron a renunciar.

-¿Y los cambios a que se refirió…?

-Francisco intentará renovar la Curia romana, simplificar la burocracia, partir del Evangelio y acercar la Iglesia a la gente, y la gente a la Iglesia. En este sentido el nombre de Francisco que él se dio es un programa de vida y misión.

-Dicen los psiquiatras que los hijos no hacen lo que les dicen los padres, sino lo que les ven hacer…

-Tienen razón los psiquiatras que dicen eso. Lo que se nos está pidiendo a todos, también a la Iglesia, es un testimonio creíble, lo dice el Evangelio: «Por sus frutos los conoceréis».

-Los desleales dicen que cumplían órdenes… ¿Obedecer significa agachar cabeza e inteligencia?

-Absolutamente no. No sería ni humano, ni evangélico, ni religioso. La obediencia, para que sea religiosa y evangélica, tiene que ser adulta y nunca infantil. Comporta escucha recíproca, diálogo recíproco, búsqueda recíproca. Insisto en lo de recíproco, pues la obediencia nace de una relación de confianza y respeto del uno para con el otro. San Francisco, en una de sus Admoniciones, llama «obediencia caritativa», a aceptar lo que le pide el otro, aun cuando uno viera cosas mejores. Aquí entra la fe. No puede hablarse de obediencia religiosa sin fe y sin aceptar desde ella las mediaciones que el Señor pone en nuestro camino.

-Cunde la desesperanza Fray José…

-Para un creyente no hay lugar para ello. Nuestra esperanza, en cuanto discípulos de Jesús, no está en nuestros «carros y caballos», en lo que somos o tenemos. Está en el Señor, para quien «nada hay imposible», como dice el Evangelio, y, apoyándonos en él, también podemos decir con san Pablo: «Todo lo puedo en aquel que me da la fuerza».

-Nos aprietan por todas partes…

-Dificultades no nos faltan, temores tampoco, pero los creyentes sabemos de quien nos hemos fiado y seguimos adelante, sembrando semillas de esperanza y de futuro. Si el Señor está con nosotros, ¿quién podrá hacernos sucumbir?

-Nuestros jóvenes no ven futuro…

-No es fácil en esta situación que vivimos ver caminos de futuro, pero los hay. Los jóvenes tienen que evitar caer en lo de otras generaciones: buscar la felicidad por medios fáciles, quimeras a corto plazo. Así no es posible ni la felicidad, ni abrir caminos de futuro.

¿La solución?

-Una «revolución educativa» que pasa por potenciar valores humanos y evangélicos como el trabajo, la autodisciplina, la verdadera amistad, la lealtad, la honestidad…

-¿Qué le diría a aquellos que han tenido que hacer sus maletas?

-Que lo siento en el alma, pero que sean felices buscando siempre hondura de sentido en sus vidas. Desde mi condición de creyente, de franciscano y sacerdote, también les diría: Buscad ese sentido en Jesús, él no quita nada, lo da todo, porque como diría san Francisco, él lo es todo: riqueza a saciedad. Como recuerda el Concilio Vaticano II: el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado, en el misterio de Jesús.

-¿Le entenderían?

-Ciertamente no se lo diría así, sino usando otro lenguaje más apropiado a su edad y contexto.

-Les queda toda una vida por delante…

-La vida es búsqueda de sentido y búsqueda de la propia humanidad.

-Escucho las homilías y, salvo en contadísimas excepciones, pienso: O no se las preparan, o no están preparados…

-Por desgracia las dos cosas pueden ser verdad. Los que tenemos por misión la predicación hemos de prepararnos convenientemente, y eso por respeto a la Palabra que anunciamos y a quienes nos dirigimos. Ya no bastan -nunca bastaron pero hoy menos- esloganes. Es necesario anunciar lo que «hemos visto y tocado», como diría san Juan. Hace falta una mayor preparación para poder dialogar con el hombre de hoy y con la cultura de la que formamos parte. Es necesario estudiar más, «renovar» y «liberar» nuestro lenguaje si queremos comunicar y contactar con la gente de hoy.